Circuitos impresos II : Vicente no tiene escamas


Por

VINCENT+N+A+PAS+D+ECAILLES

Hace unos días fui al cine para desahogarme un poco. Daban “Vicente no tiene escamas”, primera obra de Thomas Salvador con un título casi tan provocador como el de “Jamón, Jamón”.

La peli tiene su qué. Un tipo tranquilo aumenta su fuerza cuando entra en contacto con el agua. Se enamora de una morenita, se lía a bofetadas y termina huyendo de la gendarmería francesa.

Lo más excitante de esta película no es el final – por eso lo cuento – sino su antesala hace un millón de años y que también quiero presentar. Chofff, se siente!

Según el zoólogo británico Desmond Morris, el mono salido de los bosques pasó por una larga fase acuática antes de ser hombre. Todo empezó con un chapuzón en busca de moluscos entre las rocas, supongo yo que más suculentos que el brócoli y el calabacín procedentes de la llanura.

Fue por esta suerte de innovación espontanea que terminamos alargando y enderezando nuestro cuerpo al introducirnos en aguas cada vez más profundas.

Durante este episodio perdimos nuestro pelaje como otros mamíferos que también regresaron al mar. Sólo conservamos la melena que emergía de la superficie para así resguardarnos mejor de los rayos del sol.

Un examen más atento revela que la dirección en diagonal de los pelillos de nuestra espalda también fue diseñada para ofrecer una menor resistencia al agua.

El cineasta Thomas Salvador ha realizado un trabajo magnífico al reflejar nuestro profundo apego al agua. El mikvé, el bautismo, los baños turcos…incluso el Aquarius. ¿Acaso no recurrimos a todos ellos para descamarnos y sentirnos más fuertes?

 

 

 

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