Querido Rabino, ¿debería operarme las domingas? La Responsa responde. Parte II


Por

tits2

Los primeros reformistas se caracterizaron por su esfuerzo en dibujar una línea teológica clara de distinción entre la Biblia y la literatura judía posterior. Los primeros reformadores trataron de distanciarse de » la autoridad del viejo rabino «, que incluía toda la amalgama de fuentes literarias, como la literatura rabínica, los códigos y el Talmud. En lugar de este vasto corpus literario, los reformadores optaron por hacer de la Biblia el único fundamento de su cosmovisión religiosa. Con el paso del tiempo, el mismo Movimiento Reformista cambio este principio o máxima. Tal como el rabino Freehof escribe en una de sus colecciones de responsa: “La debilidad de la posición era sobre todo que la autodescripción de la Reforma basada exclusivamente en la Biblia no se podía sustentar. Todo en la vida judía, en todas sus observancias, en realidad tenían un origen post-bíblico. Si bien las disposiciones de culto y el texto de las oraciones fueron principalmente bíblico, toda la liturgia judía es un logro de los tiempos post – bíblicos, el calendario religioso, las ceremonias de matrimonio y los ritos funerarios eran post-bíblicos”. La cuestión que se estaba planteando y estaba trastocando las bases del Movimiento reformista era la certeza que si bien la Biblia era la fuente de toda idea ética, la vida religiosa en cambio, debía contemplarse como un logro del Judaísmo rabínico.

Este cambio de perspectiva, que se pone de manifiesto a mediados del siglo XX, parece hacer una distinción entre la «autoridad » de la Halajá y la propia Halajá . Los individuos y las comunidades judías reformistas nunca se han considerados obligados a adherirse a las resoluciones judiciales que se encuentran en los textos sagrados o en las decisiones de las principales autoridades rabínicas del pasado y del presente. Históricamente, la Reforma del Judaísmo no ha aceptado la idea de que una observación o una acción en particular es o bien obligatoria o prohibida por el hecho que aparezca establecida en algún libro o conjunto de libros : la Biblia , el Talmud , o un código de Halajá. Esto, quizás, es lo que algunos achacan a la Reforma para describirla como un movimiento «no halájico” .

 Ahora bien,  sería incorrecto decir que la Reforma  rechaza la relevancia de dichos libros, ya que desde un primer momento el contenido de la tradición legal rabínica ha estado presente en sus diferentes formas y patrones. No haberlo hecho, hubiese significado dar la espalda a todo lo que es reconocible en el “modo de vida” judío. Por ello, con el paso del tiempo el Movimiento Reformista irá justificando, cada vez con mayor vehemencia, que las innovaciones realizadas sobre los rituales han tenido lugar dentro de un contexto de práctica que está íntimamente arraigada en la literatura rabínica tradicional. La Halajá se entenderá como la base de toda práctica religiosa judía, el marco del ritual y la observancia ética.

Por ello, la Responsa comenzará a ganar peso como instrumento para profundizar en las raíces halájicas y acabará convirtiéndose en un medio a través del cual se creará una vasta literatura de tipo halájico. Por decirlo de otra forma, la Halajá se convertirá no solamente en un conjunto de reglas y directivas, sino en una especie de “lenguaje”.  Este “lenguaje” abarca un tipo de discurso, una forma determinada de hablar, una conversación llevada a través de la historia por los alumnos de la tradición judía. Se tiene la certeza que es la responsa el medio de comunicación a través del cual los judíos, durante más de quince siglos, han analizado y estudiado, discutido y debatido como deben responder a las innumerables manifestaciones de la cuestión central de la vida judía: ¿Qué pretende Dios que haga?.

Bien, en este punto, la Reforma se enfrentará a las responsa con las características habituales que encontramos en esta literatura. No se entenderá como un problemas a resolver simplemente, sino que el grueso de la concepción se basará en los argumentos utilizados, los textos en los que se basa la respuesta y las técnicas para presentar el conjunto de ideas. Este argumento tendrá éxito en la medida que forma un consenso en torno a ella, un consenso que se concreta cuando el “halajista” persuade al público objeto, a la comunidad, intentando demostrar que la respuesta representa la mejor lectura de los textos y de las fuentes de la Torá en su relación con la cuestión que aborda.

Particularidades de esta Responsa

En este siguiente apartado, nos dedicaremos a señalar algunas de las características de la literatura de Responsa Reformista, intentando, igualmente, señalar en que se diferencia del movimiento  Ortodoxo.

En primer lugar, cabe señalar que en la Responsa Reformista siempre se ha tendido a los dictámenes flexibles más que a los estrictos. De hecho, la función del rabino pareciera acercarse a la de un pedagogo, quién pone en manos del educando las herramientas de la decisión, ofreciendo diferentes opciones o salidas a partir de la tradición. De hecho, la Responsa se erige como un fenómeno consultivo más que autoritario.

Una de las más grandes diferencias entre los rabinos reformistas y los ortodoxos es su actitud hacia las ciencias modernas y los métodos de estudio tales como la historia, la arqueología, la crítica de textos y la medicina. Muchas Responsa ortodoxa o no toman absolutamente en cuenta o se oponen activamente a estas disciplinas, y aún cuando citan estudios médicos, casi nunca es con una referencia exacta a la literatura médica. Los rabinos reformistas sienten que no sólo es lícito utilizar métodos y conocimientos modernos para escribir Responsa; es esencial hacerlo porque no se puede llegar a una decisión halájica correcta hasta que uno sepa y comprenda los hechos. Por lo tanto, casi toda la Responsa reformista contiene una visión histórico-cronológica general del tema en cuestión para determinar si proviene de la Torá, del Talmud, de los primeros rabinos o de los rabinos posteriores. Hay más disposición para cambiar una Halajá cuando esta es relativamente nueva, o cuando no fue adoptada por toda la comunidad o cuando se entiende que es estrictamente una costumbre.

Por último, cabe señalar el pluralismo que presentan las responsa reformistas, donde abundan los casos donde no aparece una sola contestación, sino dos o más formas legítimas de dictaminar acerca de una cuestión halájica. Este hecho puede ser fruto del énfasis con el que cada rabino se aproximará a la pregunta, ya sea con un componente más moral, ya sea con un componente más halájico.

Ejemplo de Responsa Reformista

(Extraído del sitio web de la Conferencia Central de Rabinos Americanos (CCAR): http://ccarnet.org/rabbis-speak/reform-responsa/)

She’elah

Una mujer está planificando una cirugía de aumento de pechos con el fin, según ella, de complacer a su marido. Ella se pregunta si tal justificación es suficiente para llevar a cabo tal intervención, y por ello pide mi consejo. (Rabino Jon Haddon, Richfield, CT)

Teshuvah

La cuestión que aquí se trata es la conveniencia de las intervenciones quirúrgicas con fines cosméticos, es decir, no estrictamente médicos. Por ello, es esencial, desde un principio, distinguir entre este tipo de intervención de implante de mama y el implante de pene, por ejemplo, ya que la segunda se dirige principalmente a corregir la impotencia orgánica, por lo que se justificaría por razones médicas (1). La ley judía tradicional favorecería este procedimiento como medio para ayudar a un marido en el cumplimiento de las mitzvot de procreación (2) y responsabilidades conyugales (3).

El implante de senos, por el contrario, se lleva a cabo por dos tipos de razones: para reconstruir la mama después de una mastectomía, o para agrandar los pechos por una cuestión de apariencia física. La primera razón, dado que se lleva a cabo como parte de una respuesta a la enfermedad, se considera generalmente como un propósito médico. En el caso nuestro presente, donde una mujer desea “mejorar” su apariencia para complacer a su marido, estaríamos en la segunda categoría, entrando en el campo de la cirugía estética. Por supuesto, somos conscientes de que las personas que optan por una “mera” cirugía estética justifican su elección a partir de una gran amalgama de argumentos. Nuestra tarea es considerar, desde el punto de vista de la tradición judía y nuestra propia perspectiva reformista, en que instancias tales procedimientos violan o sirven a nuestros objetivos religiosos.

Perspectivas tradicionales

Comencemos con la observación de que en virtud de la Ley Judía está prohibido causar daño al propio cuerpo sin justificación suficiente. La prohibición, que se encuentra en los códigos principales (4), se basa en una sentencia de Rabí Akiva en el M. Baba Kama 8:5. Aunque este fallo es algo controvertido (5), refleja la corriente principal del pensamiento halájico, así como, para nosotros, la mejor interpretación de la tradición, es decir, la gratitud que le debemos a Dios por el don de la vida, que, sin duda, exige que tratemos a nuestros cuerpos con la mayor reverencia y respeto posible.

Del mismo modo, se prohíbe poner en peligro la propia vida sin justificación aparente, regla  basada en el libro de Levítico 18:05 (“estas son las mitzvot que una persona debe hacer y por las cuales debe vivir”) (6) y, también del mismo Levítico, el mandamiento de salvar la vida de otro (19:16) cuando en el intento de hacerlo ponemos en peligro nuestra propia vida (7). Ninguna de estas prohibiciones, sin embargo, son absolutas. Rambam, por ejemplo, prohíbe poner en peligro la salud cuando se realiza con fines inútiles o perjudiciales (8). La regla de ponernos en peligro innecesariamente no nos prohíbe viajar en avión, conducir un automóvil, trabajar en la construcción, o participar de otras actividades potencialmente peligrosas, pero necesarias en nuestra vida laboral y social.  Sin embargo, esta prohibición no se aplica a las situaciones médicas. La empresa médica en general está impregnada de riesgo; “Aquello que cura a una persona puede matar a otra” (9). No obstante, se nos permite e incluso se nos manda administrar medidas médicas y quirúrgicas con el fin de salvar vidas humanas (10). Uno puede someterse a tales medidas cuando sirven a fines terapéuticos legítimos y razonables. En cambio, con la cirugía estética, al igual que con otras intervenciones invasivas, la cuestión es medir los peligros inherentes de la intervención frente a los beneficios que esta puede causar.

Sobre la controversia actual sobre la cirugía de implantes mamarios, diremos, al menos con respecto a este procedimiento, que la respuesta es «no». Los sacos de gel de silicona utilizados en este tipo de operación se sabe que pueden llegar a deteriorarse , o tener fugas, y en ocasiones, incluso, roturas. Los estudios preliminares que se han realizado demuestran que la fuga de gel puede producir diversos riesgos para la salud, incluyendo la artritis, el lupus y el cáncer. La preocupación sobre los peligros de este tipo de cirugía ha llevado a la Food and Drug Administration de EE.UU. a imponer restricciones en su uso (11). La mencionada institución (FDA) ha tratado de distinguir entre la necesidad médica y no médica. Es decir, las mujeres sometidas a cirugía reconstructiva después de una mastectomía, así como aquellas que hayan sufrido desfiguraciones debido a una determinada intervención médica, tendrán acceso a los implantes mamarios. Mientras que aquellas que deseen una ampliación de pecho cosmético podrán utilizar solamente estos dispositivos como parte de programas de ensayos clínicos probados. Por ello, pensamos que los riesgos asociados a la cirugía de implante mamario (tal como advierte el Gobierno de los EE.UU) deberían restringirse para fines médicos de buena fe.

Esta respuesta, sin embargo, no es suficiente para el alcance del caso que nos ocupa, ya que va más allá de los detalles de tipo quirúrgico. No se nos pregunta si estos peligros justifican una prohibición en contra de esta operación. Se nos pide, en cambio, una cuestión más amplia, si la cirugía cosmética, como la implantación de mama ,realizada con el fin de complacer al cónyuge, debe ser permitida en nuestra percepción de la enseñanza judía.  ¿Podríamos aprobar este tipo de cirugía en el caso que no conllevara ningún riesgo para la salud? En otras palabras, suponiendo la ausencia de riesgo ¿Cómo debemos medir los beneficios potenciales de la cirugía estética en contra de los factores que nos instan a no aconsejar su uso?

La literatura halájica ortodoxa es poco clara en este tema. Por un lado, el rabino Moshé Feinstein permite la cirugía estética para una mujer joven que busca hacerse más atractiva y, por lo tanto, «casadera». La prohibición de ponernos innecesariamente en peligro, como hemos visto, se aplica solo cuando el acto se realiza con fines dañinos o inútiles. La cirugía estética realizada con un propósito legítimo y beneficioso es apenas «nocivo» o » sin sentido” , y, en consecuencia, Feisntein no ve ninguna razón para prohibir a una mujer elegir esta opción (12). Por otra parte, el rabino Eliezer Yehudah Waldenberg , en un extenso análisis de las mitzvot relacionados con el ámbito de la medicina (13), concluye que los médicos están autorizados a realizar procedimientos invasivos sólo para tratar aquellos casos reconocidos como «enfermedad «. Esto le lleva a condenar la cirugía estética, cuyo objetivo es mejorar la apariencia física de una persona. Dicha cirugía no sirve a ningún objetivo médico aceptado y Waldenberg lo ve como una evidencia de arrogancia (un intento de mejorar la obra de Dios).

La Halajá apoya estas conclusiones contradictorias, aunque cada autoridad rabínica llega, por su parte, a una decisión que es perfectamente lógica, ambas comienzan su proceso de razonamiento a partir de puntos de partida opuestos. Feinstein considera la cirugía estética bajo la rúbrica del  «beneficio», puesto que permite el riesgo para la salud con un fin «beneficioso» , y dado que los «beneficios» no tienen por qué limitarse a la medicina, no hay ninguna razón para prohibir la operación. Waldenberg, por otro lado, considera la cuestión únicamente desde un punto de vista médico (15). La cirugía que no contribuye al refu’ah (curación) no es, propiamente hablando, «cirugía» en absoluto, ya que entraría en el parámetro del daño intencional y la profanación del cuerpo humano. La cirugía estética no la entiende como una cuestión médica, por lo que no tiene justificación alguna. Además, Waldenberg basa su decisión en un juicio de valor que Feinstein no menciona, a saber, que la alteración deliberada de la forma humana es en sí misma frívola e indeseable y de ninguna manera justifica el uso de la cirugía que, por su naturaleza, implica una lesión corporal.

Consideraciones de la Reforma

Creemos que como judíos reformistas debemos hacernos preguntas similares y emitir juicios de valor similares a los que hemos presentado hasta ahora. Si por un lado, consideramos la cirugía estética como una tecnología que ofrece beneficios atractivos y legítimos a una persona,  entonces no tendríamos ninguna razón real para advertir en contra de su uso, salvo en aquellos casos que impliquen riesgos significativos para la salud. Si, por el contrario, suponemos que la función propia de la cirugía es contribuir a la curación y que la mejora de la apariencia no es una meta que verdaderamente » vale la pena» , entonces seremos mucho más propensos a rechazar la cirugía estética, en consonancia con la tradición judía que afirma la santidad del cuerpo humano y el aborrecimiento de la manipulación caprichosa de su forma. A la vez, cabe decir, que los juicios de valor son difíciles de objetivar, y, en un movimiento como el nuestro, que da una gran importancia a la libertad de elección personal, se podría dejar mucho margen para que estos juicios quedarán, exclusivamente, en manos de las personas que deben decidir sobre ellos. La religión, sin embargo, tiene que ver con juicios de valor, y en este caso el rabino, como profesor de religión, se le está pidiendo consejo sobre qué juicio de valor refleja una mejor comprensión sobre el mensaje que nos ofrece la sabiduría del judaísmo. Aconsejar en la toma de una decisión es la tarea que tenemos ante nosotros.

Nuestra respuesta debe distinguir entre el caso en particular y la regla en general.  Es concebible que, para algunas personas , la cirugía estética puede servir a un propósito útil y legítimo. Se puede determinar, por ejemplo, que un aspecto mejorado es vital para el bienestar psicológico y emocional de un individuo. Este es un juicio que debe hacerse con cuidado y de forma individual. En general, sin embargo , creemos que este argumento se ha planteado con demasiada frecuencia, con una facilidad exagerada. Por ello, podríamos perfectamente argumentar lo contrario: que tantas personas están dispuestas a someterse a procedimientos nocivos y potencialmente peligrosos sin ninguna otra razón que mejorar su apariencia. Este hecho es una clara evidencia del excesivo énfasis de cómo nuestra cultura materialista potencia las superficialidades. Los rabinos habitualmente, y de forma justa, critican esta distorsión de valores. De hecho, si el Judaísmo significa algo para nosotros, nos exhortará a mirar bajo la superficie, para concentrarnos en el desarrollo de las medidas más profundas y duraderas de la autoestima y la satisfacción. Por ello, nos deberíamos oponer, por regla general, a la idea de que la cirugía, puramente estética, es beneficiosa para la salud mental (17). De esta forma, aconsejamos a los rabinos que se opongan a la cirugía estética realizada exclusivamente para la mejora de la apariencia personal .

Apuntes personales

Sin duda, nos encontramos ante un fenómeno excitante. Quizás es la Responsa reformista el ámbito más revelador para medir el impacto que puede llegar a representar lo que significa “reformar” el Judaísmo. Por un lado, el apasionante esfuerzo para crear una armonía entre modernidad y tradición, haciendo significativo y trascendente una tradición milenaria en pleno siglo XXI. Por otro, el riesgo real a desvirtuar esa misma tradición milenaria abocándola al olvido, en el mejor de los casos, y a la completa asimilación, en el peor de ellos.

Este debate podría no tener fin, de hecho, el surgimiento, renovación y reformas que se establecen en las diferentes corrientes del Judaísmo (obviando los extremos), parecerían buscar respuestas a este dilema. El tema que aquí nos ocupa, la Responsa en la Reforma, deja entrever una determinada cosmovisión religiosa, que nos conduce a las bases de su pensamiento religioso. Si le preguntamos a un judío ortodoxo por qué debe uno seguir las leyes de la kashrut, responderá que la observancia de la ley de la kashrut está debidamente especificada en la Torá y la Torá es la voluntad de Dios. La Reforma no acepta visión, ya que entiende que la Torá es el simpar testigo de la relación entre el pueblo de Israel y su Dios, que inspiró a los sabios y a los escritores de la Torá, y en ese sentido, Dios es el dador de la Torá. Por ello, la Torá no representará la palabra literal de Dios, sino la respuesta del hombre a la presencia de Dios. La Torá es en parte humana y por lo tanto falible. De ahí el principio reformista de “revelación progresiva”, el cual afirma que en cada momento y en cada época, se irá descubriendo de forma progresiva, la profundidad y las interioridades divinas de los sagrados textos. Esto ha permitido al movimiento reformista “amoldar” las creencias del Judaísmo a los tiempos contemporáneos (igualdad de género, por poner un ejemplo), facilitando la adaptación a la sociedad moderna, permitiendo dar paso y sumando diferentes campos de conocimiento, más allá del religioso, al imaginario de creencias, filosofía, tradiciones y costumbres judías.

A favor de esta corriente del Judaísmo cabe decir igualmente que en su voluntad de emanciparse de la autoridad de la Halajá tradicional, incluso los reformistas más radicales, siempre han mostrado un verdadero respeto por la tradición. Incluso cuando se realizaron cambios en materia de prácticas o rituales, se sintió la necesidad de justificar dichos cambios con argumentos procedentes de la misma tradición. Una máxima de esta corriente (en boca del rabino Freehof, antes mencionado) reza: “La ley común judía no nos gobierna pero continua forjando la vida de los judíos reformistas”.

Por el contrario, lo obvio. La distancia que produce esta determinada visión de la tradición desvirtúa hasta tal punto la profundidad de la sabiduría en el Judaísmo que la distancia entre la elite refomista y el público en general es descomunal. Si bien la Reforma se ha servido y ha hecho valer el derecho a la interpretación, ha rechazado la autoridad de la tradición legal, alejándola así del público, haciendo que está sea un corpus extraño para el judío reformista medio. Esto es el resultado de haber enfatizado “el cambio” y haber desprestigiado “la observancia”.  Parece poco legítimo, a todas luces, proponer la renovación de un determinado número de leyes utilizando los métodos de la Halajá, sin tener un sincero compromiso con la misma Halajá y su sistema. Por ello, los análisis jurídicos del movimiento reformista parecerían manipular las obligaciones religiosas en vista a acomodar los valores e imágenes de la sociedad en general por encima de la legitimación de la integridad interna de las fuentes halájicas. Esto ha conducido a una serie de decisiones, que sistemáticamente han producido una observancia más laxa, en lugar de una observancia equilibrada. Igualmente, el hecho que los decretos establecidos por la Responsa reformista surjan de un consejo de líderes, ha producido una serie de directrices que parecen responder a un sentir popular, escapando a los límites del análisis halájico tradicional.

Puede que ni la ortodoxia ni la reforma hayan tenido éxito hasta hoy en su intento de crear un balance apropiado entre tradición y cambio, que es crucial, en mi opinión, para el futuro del Judaísmo y del pueblo judío, tanto en Israel como en la Diáspora. El movimiento reformista debería profundizar en la halajá, sus códigos y su Responsa,  acercando nuevamente la tradición a un gran público, que parece apostar por un Judaísmo “light”. Por su parte, el movimiento ortodoxo debería de dejar de lado su preocupación por los “reformadores” de la ley, y permitir el desarrollo orgánico de la ley judía, como siempre se hizo en el pasado.

________________________
1. Ver Jan K. Meyer en A.M. Harvey et al,. Eds., Principios y prácticas de la medicina (Norwalk , CT , 1984) , p . 1404 ; L. Vliet y J. Meyer, » La disfunción eréctil : Progresos en Evaluación y Tratamiento «, The Johns Hopkins Medical Journal 151:246-258 , 1982 .

2. Génesis 1:28 ; BT . Yeb . 65b ; Yad , Ishut 15:02

3. Ex . 21:10; BT . Ketubot 61b ; Yad , Ishut 14:01 ss.) .

4. Yad , Chovel  05:01 ; Sh. A. HM 420:31 .

5. El Talmud ( Baba Kama 91a -b ) registra una baraíta citando a R. Akiva para el efecto contrario : se permite poner en cierto riesgo la salud de uno mismo . De acuerdo con el sabio español del siglo XIII R. Meir Halevy Abulafia, la ley sigue la baraíta (shitah Mekubetset , Baba Kama 91b ). Desde Rav Hisda, la última autoridad que se encuentra en la discusión talmúdica, parece aceptarse la baraita como autoritaria, Abulafia invoca el kevatra’ei hilkheta  como norma , «la ley se decide de acuerdo a las últimas autoridades.» Todas las demás poskim rechazan esta decisión, ya que la sugya talmúdica concluye defendiendo la versión de la Mishná desde el punto de vista de R. Akiva .

6. BT Yoma 85b ; Isserles , Sh. A. , YD 116:5 .

7. Ver SA Sh . A. , HM 426 y comentarios.

8. Véase la nota 4.

9. R. Moshe b . Najman , Torat haadam , ella `ar hasakanah ( Chavel ed . , P . 43 ) .

10. Sh . A. , YD 336:1 .

11. En efecto , a partir de este escrito, el fabricante líder de implantes mamarios de gel de silicona ha anunciado su intención de cesar la producción de ellos .

12. Resp . Iguerot Moshe , HM II, n º 66 )

13. Resp . Tzitz Eliezer , v 11 , n º 41 , final .

14. Él cita Prov . 31:30 – «la gracia es engañosa y vana la hermosura» .

15 . Él califica de intentos » ridículos » la  justificación de la cirugía estética por varios midrashim que hablan de la alabanza a la belleza femenina . Al hacerlo, él enseña una lección importante: las fuentes tradicionales, al citarlas fuera de contexto, pueden servir para apoyar prácticamente cualquier posición.

16 . De acuerdo con las estimaciones actuales unas 120.000 mujeres estadounidenses por año buscan la ampliación de pecho por razones cosméticas ( Newsweek, 02 de marzo 1992 , p . 75 ) .

17. «Es raro que un marido pida a su mujer una reconstrucción mamaria … puedo dar fe de amplia estabilidad de las relaciones de pareja después de una mastectomía. De hecho, solo he conocido un caso donde la relación fue significativamente peor después que antes de la mastectomía” ; Hunt, MD, en T. Gant y L. Vásconez , eds. , Post- Mastectomy Reconstruction , Baltimore, 1981 , pp 3-4.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *