Marc Chagall y el Instituto Cultural Judaico en Brasil


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Conferencia realizada por Herbert Caro el 25 de noviembre de 1985, durante la ceremonia de inauguración del Instituto Cultural Judaico Marc Chagall (ICJMC) en Porto Alegre, Brasil. El autor fue uno de los más famosos traductores de literatura alemana en portugués, además de ser uno de los fundadores del ICJMC. Este fue su sentido discurso hacia Marc Chagall. Sus palabras son fruto de la admiración y de un profundo sentimiento para honrar la vida del pintor. La trayectoria del artista y el enfoque con el que trató su obra inspiraron y motivaron al Instituto que lleva su nombre, dedicado a difundir la cultura judía en su más amplio espectro.

Este charla ha sido editada recientemente por Webmosaica, revista digital que empezó a publicarse en julio de 2009, desde ICJMC con el apoyo de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul.

Marc Chagall¹

por Herbert Caro -Traductor, crítico de arte y escritor-.

Si uniéramos en un mapa de Rusia cuatro de las ciudades más grandes del país por líneas rectas – Leningrado y Moscú; Moscú y Kiev; Kiev y Vilna; Vilna y Leningrado –, nos darían un diamante casi perfecto, y si trazáramos entonces las diagonales del rombo, éstas se cruzarían en un lugar, un pueblo llamado Vitebsk², esta ciudad tiene hoy [1985] unos 170.000 habitantes, pero en 1887, cuando nació el hombre elegido para ser el patrón del Instituto Cultural Judaico de Porto Alegre y el cual es el tema de esta conferencia, había poco más de 50.000 y la mitad de ellos eran judíos. Para el pintor Marc Chagall, quien murió en marzo de ese año [1985], después de una vida que se mantuvo activa hasta el final, el pequeño Vitebsk siempre fue el ombligo del mundo, aunque pasó la mayor parte de sus casi 98 años en suelo francés, bien en París, o cerca del Mediterráneo, teniendo, además, en los tiempos de la ocupación nazi, un episodio de seis años refugiado en los Estados Unidos. Para él Vitebsk significaba “ler”, el hogar espiritual hasta el punto que llamaba a París mi segundo “Vitebsk” y nunca borró de la memoria a sus compatriotas judíos que representaron para él una conexión inquebrantable con el judaísmo. La aldea en la que nació sirvió de trasfondo para una serie de lienzos pintados durante las décadas en que Chagall vivió alejado de ella, y lo que caracteriza a estas obras es precisamente la compleja mezcla de pasado y presente en la misma visión fantástica.

 Esta visión del Vitebsk real, tal como vemos en esta acuarela sin pretensiones, se originó en 1914, en París. En ella vemos la hermosa Catedral del siglo XVII y la iglesia de la Asunción, doscientos años más antigua. Alrededor de los dos templos, había aproximadamente 600 casas, en las que vivían las familias ricas de la ciudad. Entre ellos, había solamente unos pocos judíos. El resto vivía en los barrios pobres, con sus humildes chozas, tal como puede verse en el patio de la casa natal de Chagall, agrupados en torno a callejones angulados. Esta casa fue también almacén del padre, Zahar Segal, quien cambió el nombre a “Chagall” con una “l”. (La segunda “l” fue agregada en París por Marc, de fácil pronunciación francesa).

Marc Chagall, Sobre la ciudad (Vitebsk), c. 1914

Marc Chagall, Sobre la ciudad (Vitebsk), c. 1918

Marc Chagall, Casa gris en Vitebsk, 1917

Marc Chagall, Artista sobre Vitebsk, c. 1977

Marc Chagall, El rabino rezando (Rabino de Vitebsk), 1914

Marc Chagall, Desnudo sobre Vitebsk, usando su hija Ida, de 17 anos, como modelo, 1933

En su paupérrima sala-atelier de “La Ruche”, el joven pintor se sintió privado de sus raíces y, cuando evocaba a Vitebsk, andaba como un judío errante, con la mochila a la espalda, sobre los tejados de una ciudad excepcionalmente condensada, fantástica, donde la suntuosa iglesia de la Asunción inexplicablemente se trasladó al modesto barrio de los judíos pobres. El callejón cubierto de nieve, que impedía a los residentes salir de su casa, quienes veían sorprendidos, a este hombretón desproporcionadamente grande, que parece caer sobre ellos y cuya soledad se convierte en pesadillesca. En el exilio, a pesar de que tiene muchos amigos y una mujer amada, la soledad se alimenta de los recuerdos y ellos sólo la agudizan.

 En una conferencia sobre la vida y obra de un artista, la vida sólo importa en la medida en que ésta ha impactado sobre la obra. Pero, teniendo en cuenta que esa vida transcurrió en tiempos recientes y que hay aún coetáneos de Marc Chagall, quiero mostrar una secuencia de fotografías sobre él y su familia, además de un autorretrato de la fase cubista, en la cual la singular fisonomía singularmente pálida desentona con la intensidad del fondo azul y el blusón verde. Empezando la secuencia de fotos, dejando de lado la cronología, comenzamos con la más expresiva, mostrando a un Chagall de mediana edad, que nos mira con ojos escudriñadores, como si nos quisiera retratar. Ya tiene el pelo ligeramente canoso y algunas arrugas en su todavía bello rostro. Reculando en el tiempo, vemos a Marc con su amada Bella: esposa y musa, fuente eterna y nunca olvidada de su felicidad, porque el recuerdo de Bella, a pesar de su prematura muerte, no cesó de inspirar a su marido. Lo vemos pintando a su amada, y el famoso retrato de “Bella en el vestido verde” evoca los preciosos ojos de su esposa, fruto de una visión lejana. Del matrimonio nació una hija, Ida, quien, a su vez, dio a Chagall un nieto ―David―. Pero, cuando se tomó la fotografía en la que el pintor describe el mural foyer de la ópera de Frankfurt (Comedia del Arte), encontró, después de nueve años de viudez, una segunda compañera, Valentina Brodsky, “Vavá”, cuya equilibrada placidez, vinculada a un carácter recto y una belleza clásica, permitió a Chagall superar la crisis provocada por la muerte de Bella y recuperar las fuerzas para trabajar ininterrumpidamente hasta unos días antes de su muerte. Cuando se casaron, Marc y Vavá tenían respectivamente 45 y 65 años y es conmovedor comparar las dos fotos de la pareja, las de los dos primeros años de matrimonio y en las que se muestra a un anciano casi centenario, pensativo, todavía lleno de vitalidad, gracias a la fuerza que le daba Vavá. Chagall dijo: “Sin ella, nunca sería capaz de hacer un cuadro. Ella es la que me dice cómo lo debo hacer… “.

Foto de Marc Chagall

Foto de Marc Chagall

Foto de Marc Chagall

Marc Chagall, Autorretrato

Marc Chagall, Autorretrato en verde

Marc Chagall, Una cucharada llena de leche, 1912, (pintura inspirada en los padres del artista)

En la pintura del judío errante, el aislamiento, la distancia del suelo patrio y la nostalgia, nunca saciada, asumen formas casi catastróficas. Pero, aun en Vitebsk y en los primeros días de alejamiento de la ciudad natal, se originaron obras que retratan con cierto realismo la vida en una casa gris y en el vecindario. Para quien se criase ahí, en un ambiente puramente judío, tzadikim y jasidim, era imposible no impregnarse de judaísmo. La familia, profesores, los rabinos, la misma ciudad contribuía a ello y, desde muy temprana edad, el joven Chagall reprodujo en sus lienzos, lo que veía a su alrededor, fielmente, pero también con una buena dosis de fantasía. Su padre, un magistral narrador, motivó a su hijo, quien, lleno de gratitud, dice:

“¡Cuánta pobreza me rodeaba en mi infancia, cuánto trabajo tuvo mi padre con sus nueve hijos!. Y sin embargo siempre nos abrazaba con amor y era, a su manera, un poeta. Gracias a él, sentí por primera vez que la poesía existe en este mundo. Más tarde, lo sentía en las tardes, o al mirar el cielo oscuro. Es entonces cuando me di cuenta de que hay otro mundo”.

Entre los dos mundos, el real y aquél que oscilará en lo sucesivo en el arte de Chagall.

Conocemos la sencilla sala amarilla del hogar paterno y en ella participamos de la soporífera paz de una tarde de Shabbat. Celebramos junto con Marc la fiesta de Purim, cuando los judíos de Vitebsk, delante de un fondo rojo, alegres intercambian regalos en las calles, celebrando la salvación de su pueblo de una cacería pre-nazi, gracias a la intervención de la reina Esther. Y, junto con un rabino que tiene en la mano la rama de Palma, el lulav, el limón y el etrog, nos encaminamos al Sukot, la arboleda sin un techo firme, una celebración de la vida, una fiesta de la naturaleza que simboliza la inseguridad de la vida judía, que Chagall sentía en sus carnes. Cosa extraña: el sabio sacerdote tiene en mente otro yo, que mira hacia atrás con nostalgia o tristeza.

 Es el primero de una larga fila de compañeros, ahora estudian la Torá, tomando una pizca de tabaco, ahora cargan la tela enrollada de terciopelo a través de la ciudad cubierta de nieve, vistiendo la túnica sagrada y con los tefilim en brazo y frente. Cuanto más cerca de Vitebsk nacieron estos retratos, más se ceñían a la realidad. Pero un compañero de esos hombres sabios, pintado en París, tiene la cara verde. Entonces, el color se aleja de la realidad objetiva, convirtiéndose en simbólico y Chagall explica este curioso hecho:

 “Yo tenía la impresión de que el viejecito era de color verde. Puede ser que una sombra de mi corazón cayera sobre su rostro”.

¡El corazón! Es con lo que Chagall pintaba…

 Con él y con los ojos codiciosos de ver dignos sucesos impresos en el lienzo. En primer lugar, los acontecimientos cotidianos de Vitebsk, desde el nacimiento hasta el funeral. El cementerio y su puerta aparece con frecuencia entre los temas tratados por Chagall. Un incidente que impresionó fuertemente al joven artista fue la muerte de un hombre asesinado en la calle. El cadáver rodeado de seis velas se encuentra en el suelo sin nadie que se preocupe por él. Su viuda levanta sus brazos hacia el cielo verdoso, que permanece tan impasible como la escoba del fondo. Y, encima de una de las chozas de Vitebsk, está sentado un violinista, cuya presencia, en la memoria de Chagall, se entrelaza con una figura folclórica y con la realista imagen de un extraño abuelo, al que le gustaba quedarse allí, para observar mejor los transeúntes. El lienzo del “Muerto” es de 1908, cuando el joven Chagall, siguiendo las enseñanzas de su primer maestro, Jehuda Pen, sigue usando pinturas muy oscuras, pero diez y veinte años después vuelve a repetir el tema del violinista en el tejado de modo cada vez más irreal, en colores más y más libres de las cadenas del academicismo, y con curiosos ángeles sin alas volando sobre el músico.

Marc Chagall, El Muerto, 1908

Marc Chagall, El Violinista Verde, 1923

Esta liberación del color fue un acontecimiento decisivo para la carrera de Chagall, que transcurrió entre 1907 y 1910. El joven pintor, ya conocido en Vitebsk, entró en contacto con un grupo de jóvenes intelectuales de la ciudad, que por entonces habían oído hablar de tendencias de Arte Moderno, y cuyo mensaje había llegado a las metrópolis de Rusia. Un mecenas, el abogado judío Vinaver, le pagó el viaje y la estancia en Petersburgo, donde Marc entró en la escuela Imperial de Bellas Artes. Pero finalmente fue a la escuela de Leon Bakst, paladín del modernismo y gran escenógrafo. A través de él, Chagall aprendió las tendencias fauvistas.

Marc Chagall, Desnudo Rojo, 1908

Sobre el cuadro “Desnudo Rojo” (1908): El ultra fauve desnudo, relativamente tosco, que aparece en el lienzo, no se origina en San Petersburgo, bajo los auspicios de Bakst, sino en el provincial Vitebsk, donde Marc, por algún milagro, contactó con una estudiante emancipada, hija de un médico, y ella accedió a posar desnuda para él. El cortejo entre los dos duró poco tiempo, porque cuando Thea Brachmann presentó al pintor a su amiga Bella Rosenfeld, fue substituida inmediatamente en el corazón de Marc. Sin enfriarse jamás, el gran amor entre los dos duró desde 1909 hasta el fatídico día dos de septiembre de 1944, cuando Bella murió en un pueblo de los Estados Unidos. Marc, en sus memorias, describe tal amor cómo «a primera vista»:

“Tu silencio es mi silencio, tus ojos son mis ojos. Es como si ella me hubiera conocido durante mucho tiempo, como si lo supiera todo sobre mí, mi niñez, mi presente, mi futuro… Pronto sentí: ésta es mi esposa. Su tez pálida. Esos ojos suyos, que son grandes, redondos y negros. ¡Son mis ojos, mi alma!”

Pronto, Marc y Bella fueron novios, a pesar de la oposición de ambas familias. El padre de la chica, rico joyero, no lo quería por yerno “un pintor de poca monta que nunca será capaz de ganarse la vida” y la madre de Marc se indignó al ver, en la pared del cuarto hijo, de la habitación, un desnudo de la futura nuera. Pero el compromiso persistió durante no menos que seis años, primero en la escuela, en la cual Marc viniendo de San Petersburgo, hizo visitas esporádicas a Vitebsk, y a partir de 1910 a 1913, cuando, una vez más ayudado por el mecenas Winaver, se instaló en París, donde hizo amistad con los poetas vanguardistas como Blaise Cendrars y Guillaume Apollinaire y con ya famosos colegas como Modigliani y Delaunay. Muchas de la pinturas que se crearon entonces deben sus nombres a Cendrars, sobretodo la que muestra a Chagall como minotauro y fue titulado “Dedicado a mi novia”, ironizando las pasiones y energías desenfrenadas, oculto bajo un manto de flamante rojo. Como muchas obras de la misma época, se aprecia la influencia cubista porque los artistas jóvenes, buscando su camino, no pueden evitar las tendencias que están en el aire. Los elementos cubistas pueden encontrarse en numerosos cuadros posteriores, pero privados de su rigidez geométrica y acrecentados con más imaginación, que es sin lugar a dudas el alma de Chagall.

Marc Chagall, Dedicado a mi novia, 1911

Marc Chagall, Bella con camisa blanca, 1917

Como por ejemplo, el proyectado paseo que hicieron Marc y Bella sobre los campos y las casas de Vitebsk, poco después del enlace que se produjo en 1915. La alegría causada por la unión definitiva, finalmente alcanzada, da como resultado, la abolición total de las leyes de la gravedad. Después de eso, dejan de existir para el pintor; agitando en el aire a su amada, con una levitación prodigiosa, como si fuera una bandera. La frágil Bella, bendecida por un ángel, lleva encima al marido y la copa de vino, con la que se brinda por motivo de una celebración, siempre festejado en sus cuadros hechos especialmente para estas ocasiones. La singularidad de la copa simboliza la fusión perfecta de dos seres en uno y una vez más se establece a través de una nube amarillenta, la conexión entre el reino celestial y aquel lejano Vitebsk de los sueños de Marc, se oculta detrás de la verdadera ciudad fea y prosaica. La propia Bella camina sobre las aguas del río Vitba y la horizontalidad del puente, en su lentitud inerte, muestra el contraste entre las cosas terrenales y la ligereza de la apasionada feliz pareja.

Durante el matrimonio, se multiplicaban los poemas de amor. Trece años después del matrimonio, un ángel, volando entre los árboles en flor, entrega un ramo de flores a la “Pareja de la Torre Eiffel”, y el verde de los pastos parisinos se convierte en rojo eufórico. Y transcurridos diez años, un gallo blanco sirve a los novios como vehículo que los lleva a los remotos recuerdos de Vitebsk y los baldaquines bajo las cuales se casaron. Pero no sólo el oscuro capitel de la torre, o la estrella que parece una señal de tráfico, sino también la caída de un niño con el candelabro, dan el ambiente que rodea a la pareja algo onírico de una amenaza.

Marc Chagall, Los Novios de la torre Eiffel, 1938

No todo es un sueño feliz en su vida, y la pintura que muestra a Marc y Bella serios, meditativos, de perfil, en una pose casi oficial, con la paleta y con un ramo de flores en la mano, parece estar destinada a un álbum familiar. Sin embargo, en 1943, reencontramos a la pareja en el atardecer, enfrentando sombríamente la tragedia que acecha este mundo, el mundo de los judíos, de Vitebsk, de París, el mundo asediado, degradado, devastado, entristecidos por el ensañamiento Nazi. Las caras de Marc y Bella se fusionan en un «uno inseparable» ante los recuerdos que tienen en común, reminiscencias de la ciudad, cuyas calles huyen hasta la linterna, como para no ver el drama de los perseguidos, como su madre simbolizada por la gallina, agitando las alas de ave-humana, tanto o más indefensos que ella misma. Marc y Bella tienen una única boca. No sabemos cuál de los dos impone el deber de informar al otro en el lienzo de los tétricos acontecimientos, en el cual el verde trineo en el fondo trata de escapar. El pintor de cara azul, la mujer blanca y el manto rojo que flota forman un tricolor extraño, que, en medio de Vitebsk, evoca los largos años que pasó en París, esos años en que, a la sombra de la Torre Eiffel, los ángeles todavía les entregaban ramos de flores.

Marc Chagall, Entre la oscuridad y la luz, 1938-1943

A partir de entonces, durante mucho tiempo, la vida de Chagall sigue bajo el peso de recuerdos melancólicos, lejos del optimismo que primero lo inspiró. La muerte de Bella lo dejó en la desesperación, incapaz de trabajar. Uno de los primeros trabajos que realizó dos años después del brutal golpe, fue la ilustración de un volumen de memorias que Bella le legó. Marc y su hija editaron el original escrito en Yiddish. Esos poemas en prosa, las “Velas ardientes” (Brenendike Licht) son un documento conmovedor, sin pretensiones, para resucitar los sucesos del año judío, como Marc y Bella habían visto en su infancia. Significativamente, la portada reúne la cabeza de Bella, su mano que escribe, el marido que retrata y las chozas de Vitebsk.

Ilustración de Marc Chagall para el libro “Velas ardientes” (Brenendike Licht), de Bella Chagall

Pero el tiempo avanzaba inexorablemente, no tiene arroyos, y su reloj, ese reloj de pared que adornaba la sala de estar de la casa paterna del pintor, se agita con su monótono tic-tac sobre el río de Vitebsk, en el que un pez alado saltaba, acompañado por el violín. Pero muy a la derecha, la pareja se olvida del mundo disfrutando de sus sueños. Los peces, como las vacas, burros, gallos y también monstruos con cuerpo humano y cabezas de animales, son parte de la mitología de Chagall, esta mitología está llena de símbolos, aunque Marc afirma a menudo:

“me juzgan según las formas y colores: juzgadme según mi concepción del mundo. ¡Pero no me juzgues según los símbolos dispersos! Mis cuadros no son literatura. Son pintadas en base a imágenes íntimas que se apoderaron de mí”.   Pero ¿Qué puede hacer el intérprete si, en éstas imágenes íntimas, hay tanto simbolismo?

Tomemos, por ejemplo, ese enorme gallo, tratando de darle un feroz picotazo a los eternos amantes, que arrastra consigo una oleada de llamas. Sabemos que para Chagall, el gallo representa a menudo el peligro, el desastre, el incendio, la furia, y este cuadro se pintó después de la muerte de Bella. La presencia del ser amado ― aunque el dolor nunca se apaga.

Y, en su memoria, Marc creó, en 1945, el infinitamente triste cuadro titulado “A su alrededor”. La fallecida, en una pose pensativa, melancólica, junto con un medallón de Vitebsk; el pintor, loco, con la cabeza girada, debido al choque de la irreparable pérdida, por la evocación de los novios y también del ángel delgado, transparente, recuerdo de tiempos mejores. Por primera vez se enfrentan en la paleta de Chagall aquellos oscuros colores, sombríos, que de ahí en adelante serán frecuentes.

Marc Chagall, A su alrededor, 1945.

Los saltimbanquis nocturnos tocan ahora melodías tristes, cuyo sonido aflige el corazón. El propio Chagall dijo sobre el cuadro: “La pintura habla un lenguaje trágico”. Y, aún así, alrededor de 1970, el octogenario artista coloca a la nunca olvidada Bella delante de un cuadro, que él con ―la cabeza de asno― creó, y en el que aparece dos veces más, como un adolescente con su padre, y como un mártir en la cruz, representando al pueblo judío masacrado, que aparece entre las llamas de Vitebsk.

Marc Chagall, Yo y el pueblo, 1911

Qué lejos quedan los tiempos en que un poeta de cabeza revolucionaria, cubista descompuesto al estilo del mago Mage Delaunay, inspiraba a Chagall cuadros llenos de suave lirismo, fantasías, como “Yo y el pueblo”, que entrecruzaban lo real y lo irreal; Marcos humorísticos, joviales, como este cartero santo, que se agita en forma de pipa, para entregar rápidamente una carta de amor, o el malabarista, con la cabeza de un pájaro con alas, que baila como en un escenario sobre los tejados de Vitebsk. Ya no se trata de ilustrar con humor las metáforas como la criada que perdió la cabeza, mientras que una vaca alimentaba con paciencia a su ternera y al pequeño Chagall. Ya no es posible refugiarse en un mundo de sueños, cuando la catástrofe destruye el mundo real. El gallo siniestro informa al pintor de cuerpo de toro de su horrible mensaje, bajo la luz de la luna y una linterna casera, Marc dice a Bella, en medio de una calle cubierta de nieve de Vitebsk, ―¡Ay de él!― la esposa ya tiene un rostro cubierto por un verde espectral.  

Marc Chagall, El malabarista, 1943

Marc Chagall, Oír al gallo, 1944

Y el cataclismo no se deja esperar. El ángel de la muerte aflige al mundo condenado, en el cual se refleja a una madre y a su hijo pequeño, un rabino tratando de salvar la Torá y un crucifijo, símbolo de los judíos masacrados, porque el cuerpo no es clavado en la Cruz, para este pintor intrínsecamente judío. El Cristo, Salvador del mundo, hijo de Dios-padre, y sin embargo Rabino Jesús, que representa a su pueblo siendo víctima del Holocausto. Lo vemos flanqueado por casas quemadas y derrocadas en Vitebsk, cuyos habitantes intentan en vano salvar sus bienes sagrados y profanos. El talit, el manto blanco de la oración, viste al mártir.

Marc Chagall, Crucifixión blanca, 1938

En otra versión, la “Crucifixión amarilla”, Jesús sujeta, con su mano derecha, el rollo de la Torá traído por un ángel que toca el shofar y, tanto en el brazo izquierdo como en la frente, el moribundo lleva los tefilim, las filactérias que usan los judíos piadosos en la oración. Lo que lo rodea es desolación, destrucción, sin posibilidad de escapar. Y, ante los ojos del pintor, ojos bañados en lágrimas, se presenta la visión de su familia, que implorándole extiende las manos hacía él, jóvenes y ancianos, padres y hermanos; y Marc, sin poderlos socorrer, sólo sabe retratar en la tela sus sufridos rostros.

Marc Chagall, Crucifixión amarilla, 1943

Y en 1953, de vuelta de Estados Unidos a París, “su segunda Vitebsk”, Chagall se inclina humildemente ante los techos rojos de la primera Vitebsk, desaparecida para siempre, y en cuyo centro se encuentra una vez más el crucifijo, mientras un ser extraño, mitad novio, mitad novia, deposita un ramo de flores sobre la tumba de la pequeña ciudad jamás olvidada. El tiempo cura las heridas y Chagall tuvo la suerte de encontrar la plácida y equilibrada Vavá, una mujer que se convirtió para él en una compañera ideal, amada, consejera y secretaria en una sola persona, capaz de estimular, para (re)despertar la antigua creatividad y mantenerla con vida en el anciano hasta días antes de su muerte.

Marc Chagall y Valentina Brodsky (Vavá), s.d. Foto de Port Authority of New York and New Jersey

El hogar de “Les Collines”, en Vence, cerca de Niza, se convirtió en uno de los más variados centros de actividades. Chagall, quien por entonces sí se dedicó principalmente a la pintura, con ocasionales incursiones en las artes gráficas, la ilustración de libros (La Fontaine3, Las Almas Muertas4; La Biblia) y escenografía, desarrolló una pasmosa versatilidad. Su vecino Picasso, con el que el pintor cultivó una cálida amistad, hizo que se interesara por la cerámica, originando obras de extraordinaria belleza, como este jarrón, de la inseparable unión de una pareja de amantes. Existen también esculturas de mármol de Chagall. Sin embargo, el teatro, que siempre le fascinó le ofreció trabajos de mayor envergadura. Ya en su juventud, Marc esbozará el telón para el pequeño teatro del Ermitage, de Petersburgo, en el que un joven presumido avanza con un impulso irresistible, clara expresión de la idea de progreso. En 1964, crea un gran mural de la ópera de Frankfurt y, especialmente, del techo de París, donde, en una inmensa rueda de color, se mezclan los comediantes, compositores, bailarines en un animado círculo. Este techo es sin duda el más discutido y en mi opinión, el más discutible, por su genial diseño, la hermosa luminosidad alegra los colores y la vivacidad de las figuras, parecen fuera de lugar en medio de la pompa de un edificio pseudo-barroco de la segunda mitad del siglo XIX.

Marc Chagall, Bosquejo definitivo para el techo de la Ópera Garnier, 1963

Junto a la temática teatral, el viejo Chagall encontró un campo eternamente nuevo en la Biblia y el Arte Sacro. Ya en 1955, creó un grupo de pinturas monumentales entorno a Moisés. Grande en su ira, se levantó la gigantesca figura delante de su pueblo pecador, abriendo los brazos y las piernas para formar poderosas diagonales. Adornado por figuras místicas, como la novia y el novio saludados por un ángel, un guardián de la Torá, y a la derecha, un asno amarillo descubren el manto rojo de la mañana. La fama de Chagall como pintor de temas religiosos indujo al municipio de Niza a dedicarle el Museo Nacional del Mensaje Bíblico Marc Chagall. El edificio es una obra maestra de la arquitectura moderna, el pintor unió ciclos basados en diversos libros del Antiguo Testamento, desde la creación del mundo y de la historia de los patriarcas en el Éxodo, habiendo una sala reservada para los Cánticos de Salomón, todo ello en un rojo brillante, y más adelante en un mosaico muestra el profeta Elías y algunos vitrales con escenas de la Creación5

.Vidrieras, sí. Cuando el Museo fue inaugurado en 1973, Marc Chagall revolucionó el antiguo arte de la pintura sobre vidrio. Todo comenzó en 1952, durante una visita a la catedral de Chartres, famosa por sus vitrales góticos, entre los cuales el pintor reconoció, un medallón del coro, un asno precursor de los que aparecen tantas veces en sus pinturas. Después de un largo estudio de las técnicas de pintura y gravado en vidrio, después de las primeras tentativas en la pequeña iglesia de Assay y en su propia casa, surgieron los primeros pedidos de iglesias famosas, como las catedrales de Reims y Metz. Cabe señalar que Chagall, en sus vidrieras diseñadas para las iglesias cristianas, sólo incluye el Nuevo Testamento, que armoniza con su espíritu judío, es decir, del tronco de Isaí, proclamado por el profeta Isaías, las figuras de la Madre y el Hijo, la madre Miriam, la madre judía, y el Crucifijo, cuya interpretación chagalliana ya conocemos.

Vidriera de la Catedral del Saint-Stephan, en Metz (Francia) – 1958-1960 Marc

Chagall, Madre e hijo, 1956

Muchos de ustedes conocen las doce vidrieras que, en 1959, en Hadassah, la organización sionistas femenina de los EE.UU., mandó hacer para la sinagoga de su hospital en Jerusalén. En base a las bendiciones de Jacob (Génesis 49) y Moisés (Deuteronomio 33), se muestran las flores, los árboles, los animales, los utensilios, pero ninguna figura humana. Los nombres de las tribus aparecen en letras, y símbolos como el shofar y la menorá enfatizan el carácter sagrado de la representación. El color tiene el mismo objetivo: el azul límpido de Rubén, con la fuerza de los primogénitos, emulando el vuelo imponente de los pájaros; la calma del verde de Isacar, que “vio que el descanso era bueno y la tierra deliciosa” el amarillo de Neftalí, “lleno del Señor y quién poseerá el Sur”; el verdeazulado y siniestro del guerrero Gade; el alegre carmesí de Zebulón, que “se regocija en sus salidas marítimas.”

Vitral Levi, 1960 – Sinagoga del Hospital Hadassah

Las vidrieras de Jerusalén eran consideradas como la mayor obra de arte religioso de nuestro siglo y en su estela siguieron otros de igual belleza. En el Fraumünster, Zurich, Chagall creó cinco ventanas (profetas; La ley; Jacob; Sión; Jesús), de los cuales muestran al detalle la figura conmovedora del luto de Jeremías.   Marc Chagall, parte de las vidrieras “Jacob”, la Abadía de Fraumünster, Zurich, 1970   Y la menos conocida iglesia de San Esteban en Mainz (Maguncia), contiene lo que es, por decirlo así, el canto del cisne del genial pintor. Las ventanas, nueve en total, se entregaron en tres series. Chagall las terminó durante los últimos días antes de su muerte ―y, un mes más tarde, las vidrieras se instalaron solemnemente en la presencia de Vavá. Una vez más, tenemos los temas eternos: Adán y Eva, la inmolación de Isaac; el sueño de Jacob, de Moisés con las Tablas de la Ley, el rey David con el arpa. En uno de sus viajes a Israel, Marc Chagall pintó una acuarela de una modesta sinagoga en Safed, que le recordó su niñez en Vitebsk y las raíces del judaísmo. Profesó:

«si no hubiera sido judío, no habría sido un artista o hubiera sido un artista diferente».

Fue con ese espíritu que el Instituto Cultural Judaico, en Porto Alegre, lo escogió como su patrón.  

  Traducción: Claudio Valdivia y Cristina García

NOTAS:

(1) Conferencia pronunciada con motivo de la ceremonia de fundación del Instituto de Cultura Judía Marc Chagall (ICJMC), en que Herbert Caro fue uno de los fundadores el 25 de noviembre de 1985. Nacido en Alemania, Herbert murió en Porto Alegre el 23 de marzo de 1991, a los 83 años de edad. Sus documentos son parte de la colección de ICJMC. El texto está en forma de manuscrito y ha sido proporcionada por Fabiana Pinheiro. Notas y inserción de imágenes, por parte de los editores.

(2) Acualmente localizada en Bielorrússia.

(3) Jean de La Fontaine (1621 – 1695) fue un poeta y fabulista francés.

(4) Obra del escritor ruso Nikolai Gogol (1809 – 1852).

(5) Ver vídeo sobre las obras de Marc Chagall en el Museo de Niza en: http://www.youtube.com/watch?v=HmrJyL4gT_A

 

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Conferència realitzada per Herbert Caro el 25 de novembre de 1985, durant la cerimònia d’inauguració de l’ Instituto Cultural Judaico Marc Chagall (ICJMC) en Porto Alegro, Brasil. L’autor va ser un dels més famosos traductors de literatura alemanya en portuguès. Tanmateix, un dels fundadors del ICJMC . Aquest va ser el seu sentit discurs cap a Marc Chagall. Les seves paraules són fruit de l’admiració i d’un profund sentiment per honrar la vida del pintor. La trajectòria de l’artista i l’enfocament amb el qual va tractar la seva obra van inspirar i van motivar l’Institut que porta el seu nom. Dedicat a difondre la cultura jueva en la seva més ampli espectre.

Aquest xerrada ha estat editada recentment per Webmosaica, revista digital que va començar a publicar-se al juliol de 2009, des de ICJMC amb el suport de la Universitat Federal de Rio Grande do Sul.

Marc Chagall¹

per Herbert Caro -Traductor, crític d’art i escriptor-.

Si uníssim en un mapa de Rússia quatre de les ciutats més grans del país per línies rectes – Leningrad i Moscou; Moscou i Kíev; Kíev i Vílnius; Vílnius i Leningrad –, ens donarien un diamant gairebé perfecte, i si tracéssim llavors les diagonals del rombe, aquestes es creuarien en un lloc, un poble anomenat Vitebskii, aquesta ciutat té avui [1985] uns 170.000 habitants, però en 1887, quan va néixer l’home triat per ser el patró de l’Institut Cultural Judaic de Porto Alegro i el qual és el tema d’aquesta conferència, hi havia poc més de 50.000 i la meitat d’ells eren jueus. Per al pintor Marc Chagall, qui va morir al març d’aquest any [1985], després d’una vida que es va mantenir activa fins al final, el petit Vitebsk sempre va ser el melic del món, encara que va passar la major part dels seus gairebé 98 anys en sòl francès, bé a París, o prop del Mediterrani, tenint, a més, en els temps de l’ocupació nazi, un episodi de sis anys refugiat als Estats Units. Per a ell Vitebsk significava “*ler” la llar espiritual fins al punt que anomenava a París el meu segon” Vitebsk” i mai va esborrar de la memòria als seus compatriotes jueus que van representar per a ell una connexió infrangible amb el judaisme. El lloc en la qual va néixer va servir de rerefons per a una sèrie de teles pintades durant les dècades en què Chagall va viure allunyat d’ella, i el que caracteritza a aquestes obres és precisament la complexa mescla de passat i present en la mateixa visió fantàstica.

Aquesta visió del Vitebsk real, tal com veiem en aquesta aquarel·la sense pretensions, es va originar en 1914, a París. En ella veiem la bella Catedral del segle XVII i l’església de l’Assumpció, dos-cents anys més antiga. Al voltant dels dos temples, hi havia aproximadament 600 cases, en les quals vivien les famílies riques de la ciutat. Entre ells, hi havia solament uns pocs jueus. La resta vivia als barris pobres, amb les seves humils barraques, tal com es pot veure al pati de la casa natal de Chagall, agrupats entorn de carrerons angulats. Aquesta casa va ser també magatzem del pare, Zahar Segal, qui va canviar el nom a “Chagall” amb una “l”. (La segona “l” va ser agregada a París per Marc, de fàcil pronunciació francesa).

Marc Chagall, Sobre la ciutat (Vitebsk), c. 1914

Marc Chagall, Sobre la ciutat (Vitebsk), c. 1918

Marc Chagall, Casa grisa en Vitebsk, 1917

Marc Chagall, Artista sobre Vitebsk, c. 1977

Marc Chagall, El rabí resant (Rabí de Vitebsk), 1914

Marc Chagall, Nu sobre Vitebsk, amb la seva filla Ida, de 17 anys, com a model, 1933

A la seva paupèrrima sala-atelier de “La Ruche”, el jove pintor es va sentir privat de les seves arrels i, quan evocava a Vitebsk, caminava com un jueu errant, amb la motxilla a l’esquena, sobre les teulades d’una ciutat excepcionalment condensada, fantàstica, on la suntuosa església de l’Assumpció inexplicablement es va traslladar al modest barri dels jueus pobres. El carreró cobert de neu, que impedia als residents sortir de la seva casa, els qui veien sorpresos, a aquest homenot desproporcionadament gran, que sembla caure sobre ells i la solitud del qual es converteix en mal son. En l’exili, a pesar que té molts amics i una dona estimada, la solitud s’alimenta dels records i només ells l’aguditzen.

En una conferència sobre la vida i obra d’un artista, la vida només importa en la mesura en què aquesta ha impactat sobre l’obra. Però, tenint en compte que aquesta vida va transcórrer en temps recents i que hi ha encara coetanis de Marc Chagall, vull mostrar una seqüència de fotografies sobre ell i la seva família, a més d’un autoretrat de la fase cubista, en la qual la singular fisonomia singularment pàl·lida desentona amb la intensitat del fons blau i la blusa verda. Iniciant la seqüència de fotos, deixant de costat la cronologia, comencem amb la més expressiva, mostrant a un Chagall de mitja edat, que ens mira amb ulls encuriosits, com si ens volgués retratar. Ja té el cabell lleugerament canós i algunes arrugues en el seu encara bell rostre. Reculant en el temps, veiem a Marc amb la seva estimada Bella: esposa i musa, font eterna i mai oblidada de la seva felicitat, perquè el record de Bella, malgrat la seva prematura mort, no va cessar d’inspirar al seu marit. El veiem pintant a la seva estimada, i el famós retrat de “Bella en el vestit verd” evoca els preciosos ulls de la seva esposa, fruit d’una visió llunyana. Del matrimoni va néixer una filla, Ida, qui, alhora, va donar a Chagall un nét ―David―. Però, quan es va prendre la fotografia en la qual el pintor descriu el mural foyer de l’òpera de Frankfurt (Comèdia de l’Art), va trobar, després de nou anys de viudetat, una segona companya, Valentina Brodsky, “Vavá”, l’equilibrada placidesa de la qual, vinculada a un caràcter recte i una bellesa clàssica, va permetre a Chagall superar la crisi provocada per la mort de Bella i recuperar les forces per treballar ininterrompudament fins a uns dies abans de la seva mort. Quan es van casar, Marc i Vavá tenien respectivament 45 i 65 anys i és commovedor comparar les dues fotos de la parella, les dels dos primers anys de matrimoni i en les quals es mostra a un ancià gairebé centenari, pensatiu, encara ple de vitalitat, gràcies a la força que li donava Vavá. Chagall va dir: “Sense ella, mai seria capaç de fer un quadre. Ella és la que em diu com ho haig de fer… “.

Foto de Marc Chagall

Foto de Marc Chagall

Foto de Marc Chagall

Marc Chagall, Autorretrat

Marc Chagall, Autorretrat en verd

Marc Chagall, Una cullerada plena de llet, 1912, (pintura inspirada en els pares del artista)

En la pintura del jueu errant, l’aïllament, la distància de la terra patria i la nostàlgia, mai sadollada, assumeixen formes gairebé catastròfiques. Però, àdhuc en Vitebsk i en els primers dies d’allunyament de la ciutat natal, es van originar obres que retraten amb cert realisme la vida en una casa grisa i en el veïnat. Per qui es criés aquí, en un ambient purament jueu, tzadikim i chassidim, era impossible no impregnar-se de judaisme. La família, professors, els rabins, la mateixa ciutat contribuïa a això i, des de molt primerenca edat, el jove Chagall va reproduir en els seus llenços, el que veia al seu al voltant, fidelment, però també amb una bona dosi de fantasia. El seu pare, un magistral narrador, va motivar al seu fill, qui, ple de gratitud, diu:

“Quanta pobresa m’envoltava en la meva infància, quant treball va tenir el meu pare amb els seus nou fills!. I no obstant això sempre ens abraçava amb amor i era, a la seva manera, un poeta. Gràcies a ell, vaig sentir per primera vegada que la poesia existeix en aquest món. Més tard, ho sentia en les tardes, o en mirar el cel fosc. És llavors quan em vaig adonar que hi ha un altre món”.

Entre els dos mons, el real i aquell que oscil·larà en endavant en l’art de Chagall. Coneixem la senzilla sala groga de la llar paterna i en ella participem de la soporífera pau d’una tarda de Xabat. Celebrem juntament amb Marc la festa de Purim, quan els jueus de Vitebsk, davant d’un fons vermell, alegres intercanvien regals als carrers, celebrant la salvació del seu poble d’una cacera pre-nazi, gràcies a la intervenció de la reina Esther. I, juntament amb un rabí que té a la mà la branca de Palma, el lulav, la llimona i el etrog, ens encaminem al Sukot, la arbrada sense un sostre ferm, una celebració de la vida, una festa de la naturalesa que simbolitza la inseguretat de la vida jueva, que Chagall sentia en les seves carns. Cosa estranya: el savi sacerdot té en ment un altre jo, que mira cap a enrere amb nostàlgia o tristesa.   És el primer d’una llarga fila de companys, ara estudien la Torà, prenent un polsim de tabac, ora carreguen la tela enrotllada de vellut a través de la ciutat coberta de neu, vestint la túnica sagrada i amb els filactéris en braç i front. Com més prop de Vitebsk van néixer aquests retrats, més se cenyien a la realitat. Però un company d’aquests homes savis, pintat a París, té la cara verda. Llavors, el color s’allunya de la realitat objectiva, convertint-se en simbòlic i Chagall explica aquest curiós fet:

 “Jo tenia la impressió de que el vellet era de color verd. Pot ser que una ombra del meu cor caigués sobre el seu rostre”.

El cor! És amb el que Chagall pintava…

 Amb ell i amb els ulls cobejosos de veure dignes successos impresos en el llenç. En primer lloc, els esdeveniments quotidians de Vitebsk, des del naixement fins al funeral. El cementiri i la seva porta apareix amb freqüència entre els temes tractats per Chagall. Un incident que va impressionar fortament al jove artista va ser la mort d’un home assassinat al carrer. El cadàver envoltat de sis vés-les es troba en el sòl sense ningú que es preocupi per ell. La seva vídua aixeca els seus braços cap al cel verdós, que roman tan impassible com l’escombra del fons. I, damunt d’una de les barraques de Vitebsk, està assegut un violinista, la presència del qual, en la memòria de Chagall, s’entrellaça amb una figura folklòrica i amb la realista imatge d’un estrany avi, al que li agradava quedar-se allí, per observar millor els transeünts. El llenç de la “Mort” és de 1908, quan el jove Chagall, seguint els ensenyaments del seu primer mestre, Jehuda Pen, segueix usant pintures molt fosques, però deu i vint anys després torna a repetir el tema del violinista en la teulada de manera cada vegada més irreal, en colors més i més lliures de les cadenes de l’academicisme, i amb curiosos àngels sense ales volant sobre el músic.

Marc Chagall, El Mort, 1908

Marc Chagall, El Violinista Verd, 1923

Aquest alliberament del color va ser un esdeveniment decisiu per a la carrera de Chagall, que va transcórrer entre 1907 i 1910. El jove pintor, ja conegut en Vitebsk, va entrar en contacte amb un grup de joves intel·lectuals de la ciutat, que en aquells dies havien sentit parlar de tendències d’Art Modern, i el missatge del qual havia arribat a les metròpolis de Rússia. Un mecenes, l’advocat jueu Vinaver, li va pagar el viatge i l’estada a Petersburg, on Marc va entrar a l’escola Imperial de Belles Arts. Però finalment va anar a escola de Leon Bakst, pal·ladí del modernisme i gran escenògraf. A través d’ell, Chagall va aprendre les tendències fauvistas.

Marc Chagall, Nu Vermell, 1908

Sobre el quadre “Nu Vermell” (1908): L’ultra nu fauve, relativament tosc, que apareix en el llenç, no s’origina a Sant Petersburg, sota els auspicis de Bakst, sinó en el provincial Vitebsk, on Marc, per algun miracle, va contactar amb una estudiant emancipada, filla d’un metge, i ella va accedir a posar nua per a ell. El festeig entre els dos va durar poc temps, perquè quan Thea Brachmann va presentar al pintor a la seva amiga Bella Rosenfeld, va ser substituida immediatament en el cor de Marc. Sense refredar-se mai, el gran amor entre els dos va durar des de 1909 fins al fatídic dia dos de setembre de 1944, quan Bella va morir en un poble dels Estats Units. Marc, en les seves memòries, descriu tal amor com «a primera vista»:

“El teu silenci és el meu silenci, els teus ulls són els meus ulls. És com si ella m’hagués conegut durant molt temps, com si ho sabés tot sobre mi, la meva infantesa, el meu present, el meu futur… Aviat vaig sentir: aquesta és la meva esposa. El seva fes pàl·lida. Aquests ulls seus, que són grans, rodons i negres. Són els meus ulls, la meva ànima!”

Aviat, Marc i Bella van ser nuvis, malgrat l’oposició d’ambdues famílies. El pare de la noia, ric joier, no el volia per gendre “un pintor d’estar per casa que mai serà capaç de guanyar-se la vida” i la mare de Marc es va indignar en veure, en la paret del quart fill, de l’habitació, un nu de la futura nora. Però el compromís va persistir durant no menys que sis anys, primer a l’escola, en la qual Marc venint de Sant Petersburg, va fer visites esporàdiques a Vitebsk, i a partir de 1910 a 1913, quan, una vegada més ajudat pel mecenes Winaver, es va instal·lar a París, on va fer amistat amb els poetes avantguardistes com Blaise, Cendrars i Guillaume Apollinaire i amb ja famosos col·legues com Modigliani i Delaunay. Moltes de la pintures que es van crear llavors deuen els seus noms a Cendrars, sobretot la que mostra a Chagall com a minotaure i va ser titulat “Dedicat a la meva núvia”, ironitzant les passions i energies desenfrenades, ocult sota un mantell de flamant vermell. Com a moltes obres de la mateixa època, s’aprecia la influència cubista perquè els artistes joves, buscant el seu camí, no poden evitar les tendències que estan en l’aire. Els elements cubistes poden trobar-se en nombrosos quadres posteriors, però privats de la seva rigidesa geomètrica i acrescuts amb més imaginació, que és sense cap dubte l’ànima de Chagall.

Marc Chagall, Dedicat a la meva núvia, 1911

Marc Chagall, Bella amb camisa blanca, 1917

Com per exemple, el projectat passeig que van fer Marc i Bella sobre els camps i les cases de Vitebsk, poc després de l’enllaç que es va produir en 1915. L’alegria causada per la unió definitiva, finalment aconseguida, dóna com a resultat, l’abolició total de les lleis de la gravetat. Després d’això, deixen d’existir per al pintor; agitant en l’aire a la seva estimada, amb una levitació prodigiosa, com si fos una bandera. La fràgil Bella, beneïda per un àngel, porta damunt al marit i la copa de vi, amb la qual es brinda per motiu d’una celebració, sempre festejat en els seus quadres fets especialment per a aquestes ocasions. La singularitat de la copa simbolitza la fusió perfecta de dos éssers on una vegada més s’estableix a través d’un núvol groguenc, la connexió entre el regne celestial i aquell llunyà Vitebsk dels somnis de Marc, s’oculta darrere de la veritable ciutat lletja i prosaica. La pròpia Bella camina sobre les aigües del riu Vitba i l’horitzontalitat del pont, en la seva lentitud inerta, mostra el contrast entre les coses terrenals i la lleugeresa de l’apassionada feliç parella.

Durant el matrimoni, es multiplicaven els poemes d’amor. Tretze anys després del matrimoni, un àngel, volant entre els arbres en flor, lliura un ram de flors a la “Parella de la Torre Eiffel”, i el verd de les pastures parisenques es converteix en vermell eufòric. I transcorreguts deu anys, un gall blanc serveix als nuvis com a vehicle que els porta als remots records de Vitebsk i els baldaquins sota les quals es van casar. Però no només el fosc capitell de la torre, o l’estel que sembla un senyal de tràfic, sinó també la caiguda d’un nen amb el canelobre donen a l’ambient que envolta a la parella alguna cosa oníric d’una amenaça.

Marc Chagall, Els nuvis de la torre Eiffel, 1938

No tot és un somni feliç en la seva vida, i la pintura que mostra a Marc i Bella seriosos, meditatius, de perfil, en un posat gairebé oficial, amb la paleta i amb un ram de flors a la mà, sembla estar destinada a un àlbum familiar. No obstant això, en 1943, retrobem a la parella en el capvespre, enfrontant ombrívolament la tragèdia que aguaita aquest món, el món dels jueus, de Vitebsk, de París, el món assetjat, degradat, devastat, entristits per l’acarnissament Nazi. Les cares de Marc i Bella es fusionen en un «un d’inseparable» davant els records que tenen en comú, reminiscències de la ciutat, els carrers de la qual fugen fins a la llanterna, com per no veure el drama dels perseguits, com la seva mare simbolitzada per la gallina, agitant les ales d’au – humana, tant o més indefensos que ella mateixa. Marc i Bella tenen una única boca. No sabem quin dels dos imposa el deure informar a l’altre en el llenç dels tètrics esdeveniments, en el qual el verd trineu en el fons tracta d’escapar. El pintor de cara blava, la dona blanca i el mantell vermell que sura formen un tricolor estrany, que, enmig de Vitebsk, evoca els llargs anys que va passar a París, aquests anys en què, a l’ombra de la Torre Eiffel, els àngels encara els lliuraven rams de flors.

Marc Chagall, Entre la foscor i la llum, 1938-1943

A partir de llavors, durant molt temps, la vida de Chagall segueix sota el pes de records malenconiosos, lluny de l’optimisme que primer ho va inspirar. La mort de Bella ho va deixar en la desesperació, incapaç de treballar. Un dels primers treballs que va realitzar dos anys després del brutal cop, va ser la il·lustració d’un volum de memòries que Bella li va llegar. Marc i la seva filla van editar l’original escrit en Jiddisch. Aquests poemes en prosa, les “Espelmes ardents” (Brenendike Licht) són un document commovedor, sense pretensions, per ressuscitar els successos de l’any jueu, com Marc i Bella havien vist en la seva infància. Significativament, la portada reuneix el cap de Bella, la seva mà que escriu, el marit que retrata i les barraques de Vitebsk.

Il·lustració de Marc Chagall per al llibre “Espelmes ardents” (Brenendike Licht), de Bella Chagall

Però el temps avançava inexorablement, no té rierols, i el seu rellotge, aquest rellotge de paret que adornava la sala d’estar de la casa paterna del pintor, s’agita amb el seu monòton tic-tac sobre el riu de Vitebsk, en el qual un peix alat saltava, acompanyat pel violí. Però molt a la dreta, la parella s’oblida del món gaudint dels seus somnis. Els peixos, com les vaques, rucs, galls i també monstres amb cos humà i caps d’animals, són part de la mitologia de Chagall, aquesta mitologia està plena de símbols, encara que Marc afirma sovint:

“em jutgen segons les formes i colors: jutgeu-me segons la meva concepció del món. Però no em jutgis segons els símbols dispersos! Els meus quadres no són literatura. Són pintades sobre la base d’imatges íntimes que es van apoderar de mi”.

Però, què pot fer d’intèrpret si, en aquestes imatges íntimes, hi ha tant simbolisme?

Prenguem, per exemple, aquest enorme gall, tractant de donar-li un feroç picada als eterns amants, que arrossega amb si una onada de flames. Sabem que per Chagall, el gall representa sovint el perill, el desastre, l’ incendi, la fúria, i aquest quadre es va pintar després de la mort de Bella. La presència del ser estimat ― encara que el dolor mai s’apaga.

I, en la seva memòria, Marc va crear, en 1945, l’ infinitament trist quadre titulat “Al seu voltant”. La morta, en un posat pensatiu, malenconiosa, juntament amb un medalló de Vitebsk; el pintor, boig, amb el cap girat, a causa del xoc de la irreparable pèrdua, per l’evocació dels nuvis i també de l’àngel prim, transparent, record de temps millors. Per primera vegada s’enfronten en la paleta de Chagall aquells foscos colors, ombrívols, que d’aquí d’ara endavant seran freqüents.

Marc Chagall, Al seu voltant, 1945.

Els saltimbanquis nocturns toquen ara melodies tristes, el so de les quals afligeix el cor. El propi Chagall va dir sobre el quadre: “La pintura parla un llenguatge tràgic”. I, encara així, al voltant de 1970, l’octogenari artista col·loca a la mai oblidada Bella davant d’un quadre, que ell amb ―el cap d’ase― va crear, i en el qual apareix dues vegades més, com un adolescent amb el seu pare, i com un màrtir en la creu, representant al poble jueu massacrat, que apareix entre les flames de Vitebsk.

Marc Chagall, Jo i el poble, 1911

Què lluny queden els temps en què un poeta de cap revolucionari, cubista descompost a l’estil del mag Mage Delaunay, inspirava a Chagall quadres plens de suau lirisme, fantasies, com “Jo i el poble”, que entrecreuaven el real i l’irreal; Marcs humorístics, jovials, com aquest carter sant, que s’agita en forma de pipa, per lliurar ràpidament una carta d’amor, o el malabarista, amb el cap d’un ocell amb ales, que balla com en un escenari sobre les teulades de Vitebsk. Ja no es tracta d’il·lustrar amb humor les metàfores com la criada que va perdre el cap, mentre que una vaca alimentava amb paciència a la seva vedella i al petit Chagall. Ja no és possible refugiar-se en un món de somnis, quan la catàstrofe destrueix el món real. El gall sinistre informa al pintor de cos de toro del seu horrible missatge, sota la llum de la lluna i una llanterna casolana, Marc diu a Bella, enmig d’un carrer cobert de neu de Vitebsk, ―Ai d’ell!― l’esposa ja té un rostre cobert per un verd espectral.

Marc Chagall, El malabarista, 1943

Marc Chagall, Sentir el gall, 1944

I el cataclisme no es deixa esperar. L’àngel de la mort afligeix al món condemnat, en el qual es reflecteix a una mare i al seu fill petit, un rabí tractant de salvar la Torà i un crucifix, símbol dels jueus massacrats, perquè el cos no és clavat en la Creu, per a aquest pintor intrínsecament jueu. El Crist, Salvador del món, fill de Déu – pare, i no obstant això el Rabí Jesús, que representa al seu poble sent víctima de l’Holocaust. El veiem flanquejat per cases cremades i enderrocades en Vitebsk, els habitants de les quals intenten salvar els seus béns sagrats i profans. El tal·lit, el mantell blanc de l’oració, vesteix al màrtir.

Marc Chagall, Crucifixió blanca, 1938

En una altra versió, la “Crucifixió groga”, Jesús subjecta, amb la seva mà dreta, el rotllo de la Torà portat per un àngel que toca el xofar i, tant en el braç esquerre com en el front, el moribund porta els tefilim, les filactèries que usen els jueus piadosos en l’oració. El que ho envolta és desolació, destrucció, sense possibilitat d’escapar. I, davant els ulls del pintor, ulls banyats en llàgrimes, es presenta la visió de la seva família, que implorant-li estén les mans cap a ell, joves i ancians, pares i germans; i Marc, sense poder-los socórrer, només sap retratar en la tela els seus soferts rostres.

Marc Chagall, Crucifixió groga, 1943

I en 1953, de tornada d’Estats Units a París, “la seva segona Vitebsk”, Chagall s’inclina humilment davant els sostres vermells de la primera Vitebsk, desapareguda per sempre, i en el centre de la qual es troba una vegada més el crucifix, mentre un ésser estrany, meitat nuvi, meitat núvia, diposita un ram de flors sobre la tomba de la petita ciutat mai oblidada.

El temps guareix les ferides i Chagall va tenir la sort de trobar la plàcida i equilibrada Vavá, una dona que es va convertir per a ell en una companya ideal, estimada, consellera i secretària en una sola persona, capaç d’estimular, per (re)despertar l’antiga creativitat i mantenir-la amb vida en l’ancià fins a dies abans de la seva mort.

Marc Chagall i Valentina Brodsky (Vavá), s.d. Foto de Port Authority of New York and New Jersey

La llar de “Les Collines”, en Vence, prop de Niça, es va convertir en un dels més variats centres d’activitats. Chagall, qui en aquells dies sí es va dedicar principalment a la pintura, amb ocasionals incursions en les arts gràfiques, la il·lustració de llibres (La Fontaine3, Ànimes Mortes4; La Bíblia) i escenografia, va desenvolupar una pasmosa versatilitat. El seu veí Picasso, amb el qual el pintor va cultivar una càlida amistat, va fer que s’interessés per la ceràmica, originant obres d’extraordinària bellesa, com aquest gerro, de la inseparable unió d’una parella d’amants. Existeixen també escultures de marbre de Chagall.

No obstant això, el teatre, que sempre li va fascinar li va oferir treballs de major envergadura. Ja en la seva joventut, Marc esbossarà el teló per al petit teatre del Ermitage, de Petersburg, en el qual un jove presumit avança amb un impuls irresistible, clara expressió de la idea de progrés. En 1964, crea un gran mural de l’òpera de Frankfurt i, especialment, del sostre de París, on, en una immensa roda de color, es barregen els comediants, compositors, ballarins en un animat cercle. Aquest sostre és sens dubte el més discutit i al meu entendre, el més discutible, pel seu genial disseny, la bella lluminositat alegra els colors i la vivacitat de les figures, semblen fora de lloc enmig de la fastuositat d’un edifici pseudo-barroc de la segona meitat del segle XIX.

Marc Chagall, Esbós definitiu per al sostre de l’Ópera Garnier, 1963

Al costat de la temàtica teatral, el vell Chagall va trobar un camp eternament nou en la Bíblia i l’Art Sacre. Ja en 1955, va crear un grup de pintures monumentals entorn a Moisés. Gran en la seva ira, es va aixecar la gegantesca figura davant del seu poble pecador, obrint els braços i les cames per formar poderoses diagonals. Adornat per figures místiques, com la núvia i el nuvi saludats per un àngel, un guardià de la Torà, i a la dreta, un ase groc descobreixen el mantell vermell del matí.

La fama de Chagall com a pintor de temes religiosos va induir al municipi niçard a dedicar-li el Museu Nacional del Missatge Bíblic Marc Chagall. L’edifici és una obra mestra de l’arquitectura moderna, el pintor va unir cicles basats en diversos llibres de l’Antic Testament, des de la creació del món i de la història dels patriarques en l’Èxode, havent-hi una sala reservada per als Càntics de Salomó, tot això en un vermell brillant, i més endavant en un mosaic mostra el profeta Elías i alguns vitralls amb escenes de la Creació5.

Vidrieres, sí. Quan el Museu va ser inaugurat en 1973, Marc Chagall va revolucionar l’antic art de la pintura sobre vidre. Tot va començar en 1952, durant una visita a la catedral de Chartres, famosa pels seus vitralls gòtics, entre els quals el pintor va reconèixer, un medalló del cor, un ase precursor dels quals apareixen tantes vegades en les seves pintures. Després d’un llarg estudi de les tècniques de pintura i gravat en vidre, després de les primeres temptatives a la petita església de Assay i a la seva pròpia casa, van sorgir les primeres comandes d’esglésies famoses, com les catedrals de Reims i Metz. cal assenyalar que Chagall, en les seves vidrieres dissenyades per a les esglésies cristianes, només inclou el Nou Testament, que harmonitza amb el seu esperit jueu, és a dir, del tronc d’ Isaí, proclamat pel profeta Isaïes, les figures de la Mare i el Fill, la mare Míriam, la mare jueva, i el Crucifix, la interpretació chagalliana la qual ja coneixem.

Vidriera de la Catedral del Saint-Stephan, a Metz (França) – 1958-1960 Marc

Chagall, Mare i fill, 1956

Molts de vostès coneixen les dotze vidrieres que, en 1959, a Hadassah, l’organització sionistes femenina dels EUA, va manar fer per a la sinagoga del seu hospital a Jerusalem. Sobre la base de les benediccions de Jacob (Gènesis 49) i Moisés (Deuteronomi 33), es mostren les flors, els arbres, els animals, utensilis, però cap figura humana. Els noms de les tribus apareixen en lletres, i símbols com el shofar i la menorah emfatitzen el caràcter sagrat de la representació. El color té el mateix objectiu: el blau nítid de Rubén, amb la força dels primogènits, emulant el vol imponent dels ocells; la calma del verd d’Isacar, que “va veure que el descans era bo i la terra deliciosa” el groc de Neftalí, “ple del Senyor i qui posseirà el Sud”; el verd- blavós i sinistre del guerrer Gade; l’alegre carmesí de Zebuló, que “es delecta de les seves sortides marítimes.”

Vitrall Levi, 1960 – Sinagoga de l’Hospital Hadassah

Les vidrieres de Jerusalem eren considerades com la major obra d’art religiós del nostre segle i en van seguir uns altres d’igual bellesa. En el Fraumünster, Zurich, Chagall va crear cinc finestres (profetes; La llei; Jacob; Sió; Jesús), dels quals mostren al detall la figura commovedora del dol de Jeremies.

I la menys coneguda església de Sant Esteban en Mainz (Magúncia), conté el que és, per dir-ho així, el cant del cigne del genial pintor. Les finestres, nou en total, es van lliurar en tres sèries. Chagall les va acabar durant els últims dies abans de la seva mort ―i, un mes més tard, les vidrieres es van instal·lar solemnement en la presència de Vavá. Una vegada més, tenim els temes eterns: Adán i Eva, la immolació d’Isaac; el somni de Jacob, de Moisés amb les Taules de la Llei, el rei David amb l’arpa.

En un dels seus viatges a Israel, Marc Chagall va pintar una aquarel·la d’una modesta sinagoga en Safed, que li va recordar la seva infantesa en Vitebsk i les arrels del judaisme. Va professar:

«si no hagués estat jueu, no hauria sigut un artista o hagués estat un artista diferent».

Va ser amb aquest esperit que l’ Institut Cultural Judaic, en Porto Alegro, el va escollir com el seu patró.

NOTES:

(1) Nascut a Alemanya, Herbert Caro va morir a Porto Alegre el 23 de març de 1991, als 83 anys d’edat. Els seus documents són part de la col · lecció de ICJMC. El text està en forma de manuscrit i ha estat proporcionada per Fabiana Pinheiro. Notes i inserir imatges, per part dels editors.

(2) Acualment localitzada en Bielorrússia.

(3) Jean de La Fontaine (1621 – 1695) poeta i fabulista francés.

(4) Obra del escritor ruso Nikolai Gogol(1809 – 1852).

(5) Veure vídeo sobre les obres de Marc Chagall en el Museu de Niza en: http://www.youtube.com/watch?v=HmrJyL4gT_A

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