Los comienzos de la Comunidad Isrealita de Barcelona, parte II.


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Como nos muestra el listado de préstamos de la American Jewish Joint Distribution Committee correspondiente a los años 1917 y 1918, salvo alguna excepción, los recién llegados eran en su mayoría sefardíes. Entre ellos, por ejemplo, encontramos a uno de los futuros fundadores de la Comunidad Israelita de Barcelona, Albert Matalón, el cual, recibiría un préstamo de 200 pesetas. A lo largo del 1918 el número de prestatarios azquenazíes aumenta: Blumenstein, Perlegritz, Stidelman, etc. Entre ellos también encontramos a otro de los futuros fundadores, el polaco Sigmund Kirscher, el cual recibirá 300 pesetas. El listado también nos aporta una información adicional interesante. A finales de 1918 van apareciendo prestatarios originarios de Rusia, algo que aumentaría considerablemente a lo largo de 1919. Nos enfrentamos entonces a una nueva oleada de refugiados judíos que en esta ocasión vienen huyendo de la Revolución Rusa.

Lista de préstamos de la American Jewish Joint Distribution Committee para los refugiados judíos residentes en Barcelona, 1917-1918.

Durante aquellos años Barcelona se convierte en lugar de refugio de muchos europeos. El gobierno español cifra a finales de noviembre de 1918 el número de los refugiados con nacionalidad de las potencias centrales en unos 2.000, de los cuales unos 800 necesitaban subsidios. Como nos aclara el investigador Mikel Aizpuru, la mayoría de ellos buscan refugio en Barcelona:

“El núcleo más importante se encontraba en Barcelona, donde se alojaban 345 austrohúngaros que reclamaban ayudas y una cifra semejante de refugiados turcos. En el caso ruso, el número también es indeterminado, aunque la concentrada en Barcelona se aproximaba a las 800 personas. La guerra provocó además que la emigración política rusa que, hasta entonces no había afectado a España, se desplazase en parte a nuestro país.

La decisión del gobierno español fue la de expulsar a los refugiados rusos, aunque desoyó el consejo consular sobre la conveniencia de no dilatar el espacio de tiempo entre la resolución y la ejecución de la misma. La expulsión de los extranjeros indeseables era un recurso, como el destierro de los nacionales, que muchos estados habían utilizado con frecuencia.”

(Mikel Aizpuru, Migraciones y Exilios, 11-2010, 107-126, La expulsión de refugiados extranjeros desde España en 1919: exiliados rusos y de otros países.)

El 28 de enero de 1919 Louis Marshall, ejecutivo de la firma Guggenheimer, Untemyer and Marshall envía una carta a Felix Warburg, banquero y líder del American Jewish Joint Distribution Committee, en la que le muestra la preocupación por la situación de los refugiados judíos llegados a España. La información provenía de un cable que había recibido de su colega Oscar Strauss, que éste, a su vez, había recibido del profesor Abraham Yahuda y Max Nordau desde Madrid:

Carta de Louis Marshall a Felix Warburg, enero de 1919.

Una semana más tarde, el 6 de febrero, Albert Lucas, el secretario de la Joint, enviaba un cable a la Embajada Estadounidense de Madrid, a la atención de Abraham Yahuda, informando que había transferido un cheque de 5.000 dólares para cubrir las necesidades más urgentes:

La implicación de los Metzger en este proceso es absoluta, poniendo dinero de su bolsillo cuando la situación lo requiriese. En una carta dirigida a la Joint, fechada a 10 de febrero de 1919, y firmada por Angel Pulido, Max Nordau, Abraham Yahuda, Luis Simarro y Rafael Altamira, muestra a las claras esta generosidad:

En la misma nos hablan de las necesidades extremas de muchos de los refugiados que no tienen medios para sobrevivir, señalando a los judíos otomanos que llegan con lo puesto desde los países vecinos:

Gracias a la intervención de Dr. Yahuda y los hermanos Metzger, la diplomacia otomana de Barcelona, que en un principio habían desatendido a sus ciudadanos, se mostrará más receptiva a sus demandas. También se menciona a refugiados judíos de otros orígenes, búlgaros, rusos, polacos, que se hallaban en la misma situación que los anteriores o incluso peor.

El 3 de noviembre de 1920, José Covo, por entonces secretario circunstancial de la recién fundada Comunidad Israelita de Barcelona, escribe una carta a la Joint en busca de fondos. En ella nos habla de los centenares de refugiados judíos que malviven en la ciudad. Cuenta que las ayudas, que hasta entonces dependían de la generosidad de aquellos que podían aportar algo, dependen ahora – desde la fundación de la CIB – de los esfuerzos comunitarios ya que ésta se veía con la obligación de atender a las demandas de los más necesitados:

Por lo que vemos en dicha carta, a 3 de noviembre de 1920 la Comunidad cuenta con 50 asociados, de los cuales 12 son miembros fundadores (en el acta de fundación aparecerán 17 firmantes). La mayoría de ellos apenas puede pagar su cuota de asociado. Asimismo parte de los fundadores tiene graves problemas económicos, algunos de ellos, incluso, han abandonado España tras finalizar la guerra.

Existe otro dato importantísimo en el documento, el cual nos muestra la realidad de los judíos previa a la fundación de la comunidad. En el mismo leemos que «no más de cuatro» de sus miembros residían en la ciudad antes de la Primera Guerra Mundial, lo que nos hace suponer que es precisamente la contienda mundial, y su correspondiente oleada de refugiados, lo que acaba asentando las bases de una colonia judía numerosa con ansias y necesidades comunitarias.

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