Sefardíes académicos correspondientes de la RAE desde principios del siglo XX hasta la actualidad


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En 2015, la Real Academia Española (RAE) nombró académicos correspondientes a ocho especialistas en judeoespañol, cuatro mujeres y cuatro hombres. Seis de los nombrados eran de Israel, una de Suiza y otra de Italia; entre ellos había varios sefardíes y otros filólogos que, sin ser sefardíes, han dedicado buena parte de su investigación al estudio del judeoespañol y su literatura.  En 2016 se incorporaron a la nómina de académicos correspondientes extranjeros otros dos sefardíes de Israel, Shmuel Refael y Moshe Shaul.

La existencia de un número suficiente de académicos sefardíes y sefardistas permitió que en marzo de 2018 se celebrase en la sede de la RAE en Madrid una Convención del Judeoespañol, en la que se acordó la creación en Israel de una Academia del Judeoespañol, correspondiente de la RAE.

En esas ocasiones, los medios de comunicación españoles se hicieron eco de la novedad que suponía el nombramiento de sefardíes como académicos correspondientes de la Real Academia Española. Sin embargo, poca gente sabe que estos no eran los únicos ni los primeros:  ya a comienzos del siglo XX (entre 1904 y 1907), la RAE había nombrado correspondientes a varios intelectuales sefardíes, tanto del imperio otomano (que todavía existía por aquel entonces) como de Marruecos.

Conviene recordar cuál era el contexto de la época y de dónde partió la iniciativa. En 1904, el senador español Ángel Pulido Fernández, de ideología liberal y encuadrado en el movimiento político que se llamó Regeneracionismo, emprendió una campaña en favor del fomento de las relaciones entre los sefardíes y España. La iniciativa se impulsó con un memorable discurso de Pulido en el Senado, el 13 de noviembre de 1903, seguido de una campaña de prensa y de la publicación de dos libros, Los israelitas españoles y el idioma castellano (1904) y Españoles sin patria y la raza sefardí (1905). Aunque los efectos prácticos de la campaña fueron más bien escasos, tuvo un cierto impacto en la opinión pública y consiguió sensibilizar a algunos políticos e intelectuales españoles acerca de a existencia de los sefardíes y del judeoespañol.

En su libro de 1904, Pulido incluía (pp. 106- 112) una relación de catorce intelectuales y profesionales sefardíes de distintos lugares, a los que proponía que la Real Academia Española nombrase académicos correspondientes. Se preguntaba Pulido “¿No cree la Real Academia de la Lengua que con ellos se puede abrir un comercio de ideas, escritos y correspondencias importantes? ¿Perdería algo la eximia Corporación al nombrarles correspondientes y comprometerles en la patriótica tarea de regenerar su idioma, redactando gramáticas y libros adecuados?”.

Cuando se inició la campaña de Pulido, Ramón Menéndez Pidal (1869-1968) era ya un filólogo reconocido internacionalmente. Como parte de sus estudios sobre la épica española, había estudiado el romancero y, en colaboración con su mujer, María Goyri, había empezado a formar un “Archivo del romancero” en el que aspiraba a coleccionar todas las versiones posibles de romances de distintas tradiciones orales, entre ellas la sefardí, especialmente interesante por haberse conservado y desarrollado durante más de cuatro siglos en un entorno geográfico alejado de la península ibérica. Con ese motivo, Menéndez Pidal estableció relación epistolar con algunos corresponsales de Pulido, pidiéndoles que le enviasen versiones de romances de sus respectivos lugares de origen.

Durante toda su larga vida, Menéndez Pidal tuvo en cuenta la tradición sefardí en sus estudios sobre el romancero, pero además impulsó desde el Centro de Estudios Históricos, que dirigía, varias encuestas de campo para recoger romances tradicionales entre los hablantes de judeoespañol del imperio otomano y de Marruecos; para ello envió a encuestar a sus colaboradores Manuel Manrique de Lara (en Turquía y los Balcanes en 1911 y en Marruecos en 1916) y a Américo Castro (en Marruecos en 1922).

Menéndez Pidal era miembro de la Real Academia Española, en la que ingresó en 1902 y de la que fue director desde 1925 hasta 1939; tras la guerra civil se exilió y fue apartado de la Academia, pero años después se reincorporó y volvió a ser director desde 1947 hasta su muerte en 1968.

A principios del siglo XX, la propuesta de Pulido y la presencia de Menéndez Pidal en la Real Academia Española crearon una conjunción que propició el nombramiento de varios sefardíes como académicos correspondientes de la RAE. No eran todos los sugeridos por Pulido, pero por lo menos fueron nombrados Enrique Bejarano, Abraham Danon y José Benoliel.

Enrique Bejarano (cuyo nombre judío era Haim ben Mosé Bejarano) fue precisamente quien suscitó el interés de Ángel Pulido por los sefardíes, a raíz de que ambos se conocieran durante un viaje en barco por el Danubio; desde entonces establecieron una auténtica amistad personal e intercambiaron una intensa correspondencia.

Bejarano había nacido en Stara Zagora o Zagara la Vieja (Bulgaria) en 1846; al igual que otros intelectuales sefardíes de su época, había recibido formación rabínica, ejerció como rabino en Bucarest y Edirne y llegó a ser gran rabino de Turquía; pero también recibió formación en escuelas occidentales. Como pedagogo, fue profesor de hebreo en la escuela de la Alliance Israélite Universelle de Ruse (Bulgaria) y director de la escuela de la comunidad sefardí de Bucarest (Rumanía). Publicó numerosos artículos en periódicos sefardíes y también algunas colaboraciones en medios de prensa españoles y recopiló una colección de refranes tradicionales sefardíes.  Políglota, tenía el judeoespañol como lengua materna y conocía bien el hebreo por su formación rabínica, pero también sabía búlgaro, rumano, turco e italiano. Sentía una gran admiración por la cultura española y era partidario de la rehispanización del judeoespañol, es decir, de que la lengua sefardí se acomodase al castellano contemporáneo. Murió en Bucarest en 1931.

Otro de los sefardíes nombrados académicos correspondientes de la RAE fue Abraham Danon, nacido en Edirne en 1857. Como Bejarano, Danon fue un maskil, un ilustrado sefardí, rabino (fundó el Seminario Rabínico de Turquía en Estambul) y también intelectual con formación occidental, lo que le hizo adoptar el francés como lengua de sus publicaciones académicas. Entre estas se cuentan un artículo sobre el folklore de los judíos otomanos y un importante “Recueil des romances judeo-espagnoles chantées en Turquíe”, que publicó en la Revue des Études Juives de París en 1896, y que constituye la primera colección de romances tradicionales sefardíes publicada en una revista académica, algo que sin duda valoró especialmente Menéndez Pidal.

Pero al lado de sus publicaciones académicas en francés, Danon fue, además, muy activo como periodista en judeoespañol: en Edirne (entonces ciudad del imperio otomano) fundó el periódico El Progreso, en el que dio a conocer numerosos documentos sobre la historia de los sefardíes; y también  publicó artículos y colaboraciones literarias en varios de los más importantes periódicos en judeoespañol, como El Tiempo y El Telégrafo de Constantinopla, La Verdad de Sofía, La Voz del Pueblo de Belgrado, El Avenir de Salónica, o El Nuvelista y La Buena Esperanza de Esmirna. Danon murió en Estambul en 1925.

En 1907 fue nombrado correspondiente un sefardí de Marruecos, José Benoliel. Como los otros sefardíes correspondientes de la RAE, Benoliel (nacido en Tánger en 1857) recibió una doble formación, tradicional judía y occidental: estudió en una yesivá de Marruecos y en la escuela de la Alliance Israélite Universelle (AIU) de Tánger y completó su formación en la École Orientale de la AIU en París. Durante algunos años fue maestro en la escuela Mikvé Israel de Yafo (por entonces Palestina era una región del imperio otomano) y luego se asentó en Lisboa, donde ejerció como profesor de lenguas (francés, hebreo y árabe) en diversas escuelas desde 1881 hasta 1921. Al jubilarse como profesor, regresó a su Tánger natal, donde fue presidente de la comunidad judía hasta su muerte en 1937 y apoyó el proyecto de creación de un moderno seminario rabínico en cuyo plan de estudios se incluyesen materias religiosas y ciencias y cultura occidentales. Tenía una personalidad inquieta y polifacética: además de publicar libros didácticos para la enseñanza de lenguas, tradujo varias obras literarias del portugués al francés; elaboró una compilación de textos religiosos judíos trasladados al castellano titulada Porat Yosef; escribió poesía en portugués, francés y hebreo, y fue además inventor, apasionado de la relojería y creador de ingenios como una máquina de escribir para ciegos en escritura braille o un aparato que permitía escribir en varios alfabetos.

José Benoliel fue también corresponsal de Pulido, a quien envió cartas con detallada información sobre las comunidades sefardíes de Portugal, y se convirtió en un estrecho colaborador de Menéndez Pidal. Entre 1904 y 1913, Benoliel envió a Menéndez Pidal más de 150 versiones de romances de Tánger y Tetuán, recogidos entre los sefardíes residentes en Lisboa. Ambos publicaron juntos un artículo sobre una de las endechas más difundidas entre los sefardíes de Marruecos, que deriva de un texto español del siglo XV. Y, sobre todo, Benoliel es autor del que puede considerarse todavía hoy el mejor y más completo estudio sobre la haketía, la variedad del judeoespañol de Marruecos. El largo trabajo se publicó por entregas en el Boletín de la Real Academia Española a partir de 1926, justamente cuando Menéndez Pidal era director de la RAE.  

Estos son algunos datos, pero el tema de los sefardíes académicos correspondientes de la RAE no está cerrado. Por el contrario, quedan todavía muchos detalles por investigar y dilucidar en los archivos de la Academia. En primer lugar, cuántos de los intelectuales sefardíes de la relación de Pulido fueron finalmente propuestos y cuáles no, y si entre los propuestos hubo algunos que finalmente no fueron elegidos y por qué. Y fijándonos en épocas más recientes, cuántos correspondientes extranjeros de la RAE nombrados a lo largo del siglo XX eran sefardíes, aunque sus respectivos nombramientos no estuviesen enmarcados en una iniciativa específica para dar voz y visibilidad a los sefardíes en la Real Academia Española.


Paloma Díaz-Mas es escritora e investigadora, especialista en estudios sefardíes. En abril de 2021 fue elegida académica de número de la Real Academia Española para ocupar la silla “i”.

 

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