Ernst Bark von Schultz, un acorde disonante en la Bohemia literaria española


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Mi interés por este personaje surgió cuando le descubrí mencionando la existencia explícita en manos judías de unas «llaves de Sefarad» en un escrito publicado en Las Dominicales: Semanario librepensador sostenido por las almas luminosas de Madrid el 28/3/1902 1. Por tanto, su mención de las llaves apareció antes que la del senador Ángel Pulido tras su crucero por el Danubio en 1903.

Nacido en Kaava, cerca de Tartu, en la actual Estonia, en marzo de 1858, falleció en Madrid en octubre de 1922. Los datos esenciales sobre su vida y su obra pueden verse en Ernesto Bark, un propagandista de la Modernidad (1858-1924) de Dolores Thion Soriano-Mollà 2.

Ernst tenía una fuerte personalidad y un carácter rebelde, que impuso desde sus primeros años de escolaridad. Con sus amigos nacionalistas –uno de ellos era Maurice von Stern (1860-1938), hijo del poeta Karl Walfried von Stern–, se alistó en las tropas rusas como artillero para participar en la guerra ruso-turca (1877-1878), pero su entusiasmo inicial fue suplantado por el desengaño. Viendo los amigos fallidas sus esperanzas y nobles deseos democráticos, desertaron y huyeron de Rusia, y tomaron caminos dispares. En 1880 Stern emigró a Estados Unidos y participó en los movimientos obreros. En 1885 volvió a Europa, destacando en la organización de dichos movimientos en varios países y escribiendo sobre el socialismo y el proletariado. Richard Wilhemi, editor y amigo de Bark, estudió dichas publicaciones en Maurice Reinhold Von Stern, ein Socialdemocratischer Dicher (Gûterslosh: Drud und Verlag von G. Baterlsmann, 1894). Tras un periplo por diversos países europeos, Ernst Bark recaló por primera vez en España de gira turística, abordándola por San Sebastián en septiembre de 1881. Iría también a Portugal y al Sur, donde conoció a la que se convertiría pocos años después en su esposa de por vida: la malagueña Matilde Cabello. Tras su boda en 1885, vivió el resto de su vida en España, salvando los dos largos años que su condena por injurias a la nación española lo obligó a salir del país (1888-1891).

De aquel periplo iniciático nació sin duda su interés por España, y a su regreso a Alemania escribió Wanderungen in Spanien und Portugal (1881-1882) (Berlín: Richard Wilhemi, 1883), que se convertiría en punto de partida de una larga historia de amor y desencuentros con sus paisanos y activistas de la movida bohemia y cultural española a finales del siglo xix y principios del xx. Bark fue un tipo que no dejó a nadie indiferente. Así lo describía Valle-Inclán en Luces Bohemia (escena decimotercia):

un hombre alto, abotonado, escueto, grandes barbas rojas de judío anarquista y ojos envidiosos, bajo testuz de bisonte obstinado. Es un fripón periodista alemán, fichado en los registros policíacos como anarquista ruso y conocido por el falso nombre de Basilio Soulinake.

Además, entre las páginas de autobiografías y memorias de algunos literatos y políticos de la época, encontramos algunos pasajes a él dedicados, casi todos en referencia a su aspecto físico. Así, Alejandro Sawa en Iluminaciones en la sombra (1910): «Ernesto … que lleva una llama por pelos en la cabeza, y cuyos ojos árticos lanzan miradas de fuego que ignoran las más ardientes pupilas meridionales»; mi paisano Narcís Oller en Memòries literàries, escritas entre 1913 y 1918: «sigui per la supersticiò que em despertava el seu pèl ros panotxa … de cop em causa un efecte repulsiu»; Emilio Carrere en Retablillo grotesco y sentimental (1921): «rebelde de la melena encendida, roja como un penacho de fuego»; Pío Baroja en Galería de tipos de la época (1947): «alto, rubio y con aire alucinado, extraño»; y Pedro Vallina en Mis memorias (1968): «alto, delgado, con bigote rojizo y pelo del mismo color encrespado y ojos azules de felino».

A Bark se le atribuye una ensalada de nacionalidades: estonio, polaco o polaco de nacimiento («el conocido propagandista y escritor polaco» en La Libertad, 25/10/1922), ruso, de origen ruso, de Riga, de la Rusia alemana o alemán ruso («Este artículo nos ha sido remitido por el Señor don Ernesto Bark, de nacionalidad rusa» en El Globo, 22/4/1889), «letón revolucionario» (Pío Baroja en Canciones del suburbio de 1944), suizo («El súbdito suizo D. Ernesto Bark» en La Época, 18/1/1888), y alemán («Poco tiempo hace publicaba … un artículo en el que aseguraba que era alemán y protestante, pero consta que ni era alemán, ni protestante, sino judío», en La Unión Católica, 10/10/1888). Para completar el listado, el mismo Bark se declara livonés: «Gracias á mi nacionalidad de livonés, reúno, como Dios las tres personas Padre, Hijo y Espíritu Santo, las tres nacionalidades: la alemana etnográficamente, la rusa políticamente (y por desgracia) y la española por afición y amor» (España y el extranjero, Madrid 1888, p. VII).

En cuanto a su confesión religiosa, en sus escritos nunca afirma ni niega categóricamente que fuera judío, pero von Schultz, el nombre alemán de su madre Corinne, hija del banquero originario de Dresden Karl von Schultz, se identifica con un origen asquenazí.

Dolores Thion, en el Prólogo a la autobiografía novelada de Bark Los vencidos (Alicante 1891, pág. 105), rescata que se «convirtió» al catolicismo para contraer matrimonio con Matilde Cabello en la Iglesia del Sagrario de Málaga (15/1/1885), según consta en los Archivos Diocesanos:

el fin justifica los medios, mi fin es noble, humanitario… y si algún fanático del librepensamiento me reprochara por este ejemplo, le contestaré como Enrique IV, rey de Francia, que si Paris bien vale una misa, mi Matilde me vale más que el mundo entero y que un campeón de los ideales del progreso como yo, puede emplear las armas de la diplomacia y astucia sin que nadie se atreva a tacharle de traidor. Si a Enrique Heine le ha perdonado la posteridad imparcial el haber variado de religión sólo para ganar algunos ochavos ¡cómo no aprobarán todos mi proceder tratándose de ganar una mujer como Matilde! (pág. 264).

La conversión fue real y su autocomparación con Enrique Heine sugiere la misma original fe judía.

Pero hay algunos datos tangibles más. Hacia 1886, el abogado Isidoro López Lapuya organizaba movimientos de emigración de judíos pobres de Rusia. A fin de poder comunicarse con ellos, solicitó la ayuda de Bark y nació una profunda amistad que cristalizó en la creación de la Spanisch-Deustche Revue (1887-1888). Esta fue una revista multidisciplinar «hispano-alemana», que pretendía cultivar las relaciones entre España y Alemania, cuyas relaciones bilaterales podrían erigirse en un eje mundial de primer orden. La realidad fue que cosecharon numerosas críticas, tachando a la revista de ser un órgano «de judíos», costeada por ellos. De este encuentro con López Lapuya habla el propio Bark en España y el extranjero (Madrid, 1888), págs. 102-105:

Isidoro … había iniciado en el año 1886 un movimiento de reemigración de los judíos, cuyos antecesores fueron expulsados de España hace siglos: un movimiento generoso, que siempre hará honor á las personas que lo iniciaron y adelantaron. La idea de justicia hacia estos antiguos ciudadanos españoles, que hoy aún conservan las tradiciones, la lengua y el cariño entrañable á su antigua patria, dispersos por todo el mundo, en Amsterdam, Hamburgo, Franckfort, Viena de Austria, Salónica, Smyrna, Constantinopla y otras partes, era y es una imposición ineludible del siglo humanitario por excelencia … numerosas familias judías refugiadas de la barbarie del czar y del populacho de Rusia, que se habían acogido á esta esperanza de encontrar en España una patria. … vino acompañado por los judíos, con sus extraños largos gabanes, para que yo me entendiera con ellos en ruso, única lengua, además de unas pocas nociones de alemán, que conocían.

Esta información parece un tanto contradictoria y, además, confusa, ya que después de decirnos que fueron expulsados de España y conservan tradiciones y lengua, resulta que debe entenderse con los de los «extraños gabanes» (¿sefardíes?) en ruso. ¿En qué quedamos?

Bark debía saber quiénes eran los sefardíes, y a ellos se refiere cuando menciona las «llaves», asociándolos a España:

Hasta las orillas del Dniéper en Rusia he oído cantar á los cosakos al son de la guitarra canciones del Guadalquivir, de Sevilla y Granada, y en las aldeas hebreas de Rumanía y Hungría conservan los patriarcas las llaves de sus casas de que les expulsaron la avidez de los reyes y del clero de España (Ernesto Bark, «El alma española», Las Dominicales: Semanario librepensador sostenido por las almas luminosas de 28/3/1902).

Esta ocasión se presentó cuando en su ida a la guerra de Turquía en 1877 debió recalar acompañando las tropas rusas, cuyo descenso hasta Constantinopla se muestra en la imagen de abajo, en alguna casa sefardí, donde se las mostraron. Pero el hecho resulta un tanto insólito ya que, si bien existían comunidades sefardíes en Rumanía y Hungría, no las había a «orillas del Dniéper». Que los cosacos fueron los grandes guardianes de fronteras no es un hecho nuevo, y que interaccionaron con las comunidades sefardíes turcas, tampoco. ¿Es ahí donde aprenderían esas nostálgicas canciones de Sevilla y de Granada? Con todo, Bark no mencionó estas experiencias, que sepamos, hasta 25 años después, en 1902, la víspera de que se inaugurara en Madrid la Sociedad de Librepensamiento el domingo 23 de marzo de 1902. Por entonces, ¿su propia experiencia andaluza le llevó a imaginar románticamente aquella situación? No estoy segura, pero tiene visos de que fuera real porque no había ningún interés oculto en recordar la anécdota. Por ello, estoy convencida de que el relato final sobre las llaves sefardíes deberá iniciarse ahora alrededor de 1877.

SAİT71, rowanwindwhistler (Wikimedia Commons)

Lo único que sabemos con certeza es que, en España, Bark (ya Ernesto) tenía amigos, pero también enemigos, y que se mantuvo varios lustros en una indefinición casi completa respecto a su persona: librepensador, comunista, masón, judío… (como epítetos peyorativos), pese a estar en los periódicos de la época, si no a diario, sí semanalmente. Así lo afirma categóricamente La Unión Católica (10/10/1888) a raíz del auto de prisión dictado contra él:

Para que nuestros lectores y los españoles todos sepan quién era ese Sr. Bark, y comprendan cuan justificada es la conducta del Gobierno al obligar á ese pájaro de cuenta á que se vaya de nuestro suelo, y deduzcan de estos datos la incalificable conducta de los que la patrocinan, vamos á consignar algunos datos sacados de la propia obra del Sr. Bark, titulada España y el extranjero, y otros no menos importantes que nos han suministrado anoche algunos alemanes que conocen á fondo al Sr. Bark: Ernesto Bark no es alemán, como se decía, sino ruso, expatriado por nihilista; ni se llama Bark, sino Hamburger, y por tanto, judío de pura raza … Se decía casado con una señora de Málaga, y para ello se había convertido al Catolicismo; pero esto no lo creen sus amigos los alemanes, á los que llamaba compatriotas.

Sin embargo, se le defiende rabiosamente desde El País, Diario Republicano-Progresista (8/10/1888):

El Sr. Bark, amenazado de expulsión por un Gobierno que se dice partidario de la libertad de la prensa, á consecuencia de escritos publicados en aquel periódico [Gaceta de Colonia] y en la revista Spanien, que dirigía, acaba de ser objeto de un auto de prisión por supuesto delito de imprenta, y antes de renunciar á escribir emigra.
No necesitamos decir al Sr. Bark cuánto lamentamos su determinación, bien que para él sea salvadora; pero lo que hace el Sr. Bark lo hacen todos los españoles que emigran por millares en busca de una libertad y de una patria que aquí no tienen más que tres hombres: Cánovas, Sagasta y Montero Ríos.

Y desde Las Dominicales del libre pensamiento (21/10/1888): «Donde quiera que vaya, el Sr. Bark, llevará las simpatías de los verdaderos españoles, que nada de común tienen con estos ruines, frailunos gobernantes. La emigración del Sr. Bark es una vergüenza más que cae sobre el rostro de esta situación espirante».

Bark se fue de Madrid. Algunos insinúan que no pasó la frontera y se quedó en Barcelona. Desde allí escribió el 5 de octubre de 1888 una carta al Director de El País, Diario Republicano-Progresista (8/10/1888), agradeciéndole su apoyo:

Con sorpresa acabo de enterarme del auto de prisión dictado contra mí por un Juzgado de esa corte por supuesto delito de imprenta. […] Daré á ese Gobierno la satisfacción de abandonar, la noble tierra española, ya que no tuve la fortuna de figurar entre sus interesados aduladores. He cometido un crimen, horrible en un publicista extranjero, de vivir identificado con las justas aspiraciones de una nación grande y generosa, cohibida en su desarrollo y condenada á eterna infelicidad.

Después de esta experiencia dolorosa, reingresó con nuevos bríos en la movida política y cultural. En 1888 fundó con el antes mencionado Isidoro López la Agrupación Demócrata-Socialista, que se consolidó en 1887 en el Grupo Germinal. Nunca abandonó sus contactos con los nihilistas rusos, entre ellos su amigo Ernst Ungern-Sternberg, con quien había publicado en Ginebra desde 1882 Der Baltischer Föderalist, y en España le acompañó a fundar la revista Spanien y un centro de reunión para alemanes residentes en España. Bark se definía como Republicano Socialista, pero su ideología se enmarcaba en el socialismo científico o positivo de corte francés, recogido por algunos intelectuales socialistas alemanes. Soñaba con la constitución de una internacional socialista como fuerza rectora de la Humanidad. Participó en numerosos periódicos de corte socialista, pero también, como escritor y periodista que era, en la corte del Madrid literario, y en la bohemia madrileña finisecular.

Muchos años después, Ernesto López-Parra publicó un artículo: «Ernesto Bark y la Casa de la Bohemia», en La Libertad (7/11/1922), donde decía:

Ernesto Bark ha sido una de las figuras más interesantes de nuestro Madrid literario y pintoresco; asistió a las tertulias de aquellos cenáculos bohemios donde una pléyade de escritores se reunían para fundar periódicos arbitrarios, de los que sólo se publicaba un número, o para preparar conferencias literarias, a las que asistían ellos solos, o, en muchos casos, para fraguar una revolución que no llegó a estallar nunca…

En la charla-entrevista que mantuvieron en esa ocasión ambos Ernestos, paseando como solía hacerlo Bark a diario por la rosaleda del Parque del Retiro, recordó las circunstancias que marcaron el fallecimiento de su amigo Alejandro Sawa:

La Casa de la Bohemia –dijo– fué una derivación de «Germinal», aquel maravilloso semanario que vino a ser como el palenque de todos los escritores de mérito de la época. «Germinal» le fundamos el anarquista Massein, Eduardo Zamacois y yo. Recuerdo que teníamos la imprenta en la calle de Villanueva, y allí establecimos la Redacción, que fué después la Casa de la Bohemia. ¡Qué de recuerdos, amigo mío! ¡Cuántos de los que allí se reunían se marcharon para siempre! El gran Alejandro Sawa se suicidó con una inyección de morfina, preparada por él, que le aplicó su mujer, sin saberlo. ¡Pobre Sawa! […] ¡Yo le quería mucho! En París vivimos juntos. Por cierto que el día de su muerte sucedió un caso insólito. Yo no quería que se le enterrase hasta que el cuerpo diese señales de descomposición, porque me inquieta mucho pensar que alguien puede ser enterrado vivo. Tuve que librar una lucha tremenda con los sepultureros, que querían llevárselo a todo trance, en seguida. Luego me enteré que Valle-Inclán había publicado en la revista «España» un artículo contra mí, llamándome espía ruso y afirmando que me había opuesto al entierro de Sawa por no sé qué cosas urdidas por su fantasía. Claro que cuando me encontré a Valle-Inclán en la calle nos pegamos (La Libertad de Madrid, 7/11/1922).

Pero Valle-Inclán no le guardó rencor y con los años le convirtió en el Basilio Soulinake de Luces de Bohemia, haciéndole inmortal.

A vuelo de pájaro hemos podido percibir la trayectoria de un hombre peculiar. Nadie ha podido ni confirmar ni desmentir que fuera judío o de origen judío, pero tampoco cristiano devoto, pese a su conversión adulta al cristianismo. Sin embargo, tras su fallecimiento el 24 de octubre de 1922, fue inhumado con ceremonial católico en el cristianísimo cementerio de La Almudena de Madrid, gracias a las gestiones pertinentes que hizo su viuda Matilde en la parroquia de la que era feligresa. El investigador González Martel, con los datos disponibles en la mano, concluía: 3

Ratifico lo intuido, lo paradójico…, considerada la biografía de Bark, y en su duelo ese final sería objeto de sorprendidos comentarios entre los correligionarios. […] Si Bark lo pidió alguna vez o, sin más, dio por hecho que su familia, respetuosa con sus principios, lo enterraría en el cementerio Civil, o si en aquel lejano marzo de 1909, durante el enterramiento de su querido amigo Alejandro [Sawa], pensó que, de quedarse en España, aquel sería el mismo lugar en que descansarían sus restos mortales, se equivocó.


Pilar Romeu Ferré es Doctora en Filología Semítica (1990) por la Universidad de Barcelona. Es especialista en textos sefardíes, especialmente de los tres primeros siglos tras la Expulsión. Dirige la colección “Fuente Clara. Estudios de cultura sefardí” de la editorial Tirocinio (Barcelona) (www.tirocinio.com). En 2001 fue galardonada con el Premio Rivadeneira de la Real Academia de la Lengua Española.

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  1. Pilar Romeu Ferré, «En “clavemanía”: ¿Dónde están las llaves de Sefarad?», en Sefarad, vol. 80:1, enero-junio 2020, págs. 263-295. Véase en línea http://sefarad.revistas.csic.es/index.php/sefarad/article/view/1140/1311.
  2. Disponible en línea: www.cervantesvirtual.com/obra/ernesto-bark–un-propagandista-de-la-modernidad-1858-1924/.
  3. Juan M. González Martel, «Ernest von Bark, un publicista radical rusohispano ante el Basilio Soulinake de Luces de bohemia de Ramón del Valle Inclán», en Homenaje a Alonso Zamora Vicente, Universidad de Alicante, 2003, pp. 693-708. Véase en línea www.cervantesvirtual.com.

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