Desertar una lengua


Por and

Este 22 de abril, la novelista Ariana Harwicz y el traductor Mikaël Gómez Guthart presentan en Mozaika el libro Desertar (Candaya, 2021), un diálogo sobre la traducción, la escritura como acto de traducción y la (im)posibilidad de desertar de la lengua materna y de uno mismo. Con ocasión de la charla y con la voluntad de inspirar reflexiones, reproducimos un fragmento del libro, que Ariana y Mikaël han compartido con nosotres.

Ariana Harwicz: En la cena que hizo la traductora al francés de mi primera novela, Matate, amor, para festejar la pronta publicación, alguien le preguntó qué hubiera pasado si yo la hubiera traducido

Mikaël Gómez Guthart: ¿Te imaginás traduciendo tus novelas, o de las de otros? 

AH: “Sería una verdadera masacre si tradujeras”, respondió mi traductora y terminó su copa. Esa noche estaban todos borrachos así que las peleas literarias no pasaron a mayores, pero me quedé acomplejada. No sé qué novela hubiera sido Matate, amor en mi francés porque cuando la escribí ya hice ese trabajo de depuración, o sea que si yo la tradujese sería como retraducirla. Escribir es siempre escribir en una lengua desconocida. Cuando escribo estoy haciendo todo eso que se le adjudica en general a un traductor; versionar, interpretar, hacer sonar en otra melodía. Escribir es traducir de una lengua conocida a otra misteriosa, del castellano al castellano, del francés aporteñado, al castellano afrancesado, así que por eso siempre veo mis textos en otras lenguas como una duplicación, como una traducción al cuadrado.

MGG: Pero no me dijiste si te imaginás traduciendo la novela de otro. 

AH: No lo sé, ¡cambiando todo quizás! fue interesante pelearnos por algo que yo veo como autocensura del traductor, como una intimidación lexical, o sea ideológica y la traductora al francés como, “pensar en el lector”. Tenés que pensar en el lector francés, tenés que pensar en el lector francés. ¿Querés que te entiendan o no? ¿Querés que te entiendan o no? Ahora que lo pienso en un buen título. Eso no se entiende o solo lo entendés solo vos. Yo en ese momento pensé que quería sí o sí escribir un libro que se llamara: “No se entiende” o “No se entiende nada” pero en francés, “On comprend rien”. Estuvimos así peleando en cada capítulo, dentro de cada capítulo, en cada oración, y en cada palabra. La lucha se extendió a la puntuación, obviamente, el Verdún de la traducción. A veces ganaba ella, a veces, yo. A veces empatábamos, muchas veces la victoria era de trinchera a trinchera. Todavía espero que pase a una edición de Folio para vengarme y cambiar algunas cosas, sobre todo porque si hay tanta diferenciación en Francia con la literatura en francés y la extranjera. Si hay un muro en las librerías, entonces que la lengua sea extranjera, que suene en extranjero, que suene como suena Gombrowicz hablando en español, raro, tergiversado, que suene a mal traducido. ¿Qué tenés para decir de esto?

MGG: El tema es justamente que Gombrowicz escribiendo polaco no tiene acento argentino, o francés. O sea, no suena raro por ser extranjero. Suena raro, si es que suena raro, por ser Gombrowicz! Cuando tu libro cae en manos del traductor ya no es tuyo. Lo único que te queda es confiar en él porque no sabés turco o polaco. Insisto, lo más importante de todo esta operación no es que un libro escrito en castellano afrancesado suene igual en polaco sino que alguien pueda comprarlo y leerlo en Varsovia. Tengo una visión práctica de este asunto. Este sería en mi sentido el verdadero milagro. Así que agradecé los dioses del mercado común y los santos subsidios para la traducción y la difusión de la literatura argentina. 

AH: ¡Demasiado práctica tu visón para mi gusto! Todo se trata entonces de agradecer a los dioses de que alguien puede en Varsovia comprar un libro traducido del español. No estoy de acuerdo en que haya que deshacerse del libro porque cayó en manos de otro, ¡yo asumo mi patria potestad hasta el final!  Eso es chiste, pero no estoy de acuerdo en que la lengua de llegada, por ejemplo el francés viniendo del español tenga que ser “respetada”. Le lengua de llegada tiene que violentarse, perturbarse, si no,  ¿qué diferencia hay entre Joyce y Agatha Christie en francés? Beckett eligió el francés que dominaba lógicamente mucho menos que el inglés, para escribir con pocas palabras, para escribir con menos recursos, obviamente podría haber escrito en inglés, pero no hubiera sido Beckett. 

MGG: Es una discusión que venimos teniendo hace rato. El problema es que la gran mayoría de los escritores no tienen ni idea del idioma de traducción de sus obras… Tu colaboración con tu traductora francesa fue un éxito porque sabés francés. Pero esto es una excepcion. ¡Supongo que no pudiste ayudar mucho a tu traductor turco!

AH: Me parece derogar al autor diciendo eso, o poner al traductor que “tiene el saber del idioma al que se traduce” en una posición de superioridad. En mi caso conozco bien el francés y lo que me parece, y es lo que discutí con mi traductora al francés, es que no puede traducirse del español de argentina al francés respetando la sintaxis del francés, su gramática, su lógica semántica como si nada hubiera pasado, como si se tratara de que sin que importe de qué lengua viene y de qué autor se trate, de qué estilo de qué sonido, el francés es un templo al que se entra descalzo y con la cabeza cubierta. 

MGG: Cuando digo que hay que confiar en el traductor quiero decir que hay que confiar en sus errores también, en la imprefección de su trabajo, en definitiva en su escritura, es decir en su visión de la obra. Puede haber cien lecturas distintas del mismo texto. ¿Qué diferencia hay entre Joyce y Agatha Christie en francés? Probablemente muy poca. ¿Pensás sinceramente que la diferencia entre una traducción española de Kafka y de Musil violentan o perturban el idioma de llegada con la misma intencion de sus autores? No digo que esté bien o que no concibo que existan diferencias, estoy siendo lo más lúcido posible. Pero igualmente entiendo muy bien, y de hecho respeto, tu postura romantica y académica. 

AH: No creo tener una postura ni romántica ni académica. Pensar un texto inmaculado y perfecto es suicida. Ni el escritor ni el traductor son puros. Partimos siempre de que escribir es algo sucio, me da igual quien escriba, autor o traductor. A mí lo que me parece es que escribir tiene que ser tener una relación única con la lengua. Como Maradona. Como Bilardo. Como Borges. Una relación eso, única con la lengua. Si la traducción no repone esa relación singular, irrepetible, si la traducción mecaniza, digamos, pone la traducción al servicio de la efectividad “que se entienda” y la Ley “no escribir mal”, entonces para mí no tiene ningún interés. 

MGG: Insisto, creo que es importante que te entiendan. Eso de “escribir es algo sucio” me parece totalmente académico. ¿Qué tienen que ver Bilardo y Maradona?

AH: Creo que Walter Benjamín veía la traducción marxistamente cuando decía: “La misión de la traducción es rescatar ese lenguaje puro confinado en el idioma extranjero para el idioma propio y liberar el lenguaje preso”. Por ejemplo en un momento el personaje se dice a sí misma, “Que me deporten”. La traductora optó por un “Que me expulsen” y me explicó que en Francia la connotación política de deportación era demasiado fuerte. Yo pensaba que tiene que ser “deporten”, no la autocensura de lo que supuestamente pensará el lector. 

MGG: “Deportado”, déporté en francés, ya no es un tema de connotación o interpretación sino de significado exclusivo. Se refiere exclusivamente a las deportaciones hacia los campos de la muerte. Te voy a contar otra anécdota, espero que sirva de respuesta. Eso pasó hace muchísimo. Tendría unos diez años. Regresé de unas vacaciones en lo de mi padre en España con una remera que ponía escrito algo “8va CONCENTRACIÓN en el CAMPO de fútbol de la junta de DEPORTES de no sé qué pueblo”, y venía con un número enorme, tipo dorsal, N° 5204, ponéle. Cuando mi madre me vio con esta camiseta me la sacó y la tiró directamente a la basura. Claro. Ella leía, veía, mejor dicho, traducido al francés: “Campo de concentración, deportado N° 5204”.

Volviendo a tu novela, a su proceso de escritura como una traducción del castellano al castellano, tené en cuenta que dentro de cuatro siglos, ¡la tendrán que volver a traducir al castellano en uso en 2400 para que se pueda leer…!

AH: ¡El año 2400! Solo los narcisistas pueden pensarse más allá de mañana. Ahora la retórica es la de usar guetos y deportaciones para cualquier cosa, pero el personaje usaba esa palabra a propósito, incluyendo ese significado, además hay que pensar que hay personajes que hablan mal, que se equivocan, que no quieren hablar bien. Cuando los correctores marcan que hay comas de más o de menos, o que una palabra no se entiende, o que directamente no existe (muchas veces en mis novelas hay algunas palabra sin significado en ningún diccionario, solo puede tenerlo por el sonido o el contexto) lo que habría que pensar es que todo fue a propósito. El argot porteño del año 2007, cuando me fui de Buenos Aires, mezclado con el francés del campo de principios del siglo XXI traducido a un francés medio que tiene la novela, ¿será entendible en 2400? ¿A qué raza lingüística pertenecerá? ¿Qué sonidos tendrán las traducciones de libros contemporáneos en uno, dos, tres siglos y cómo se leerán las traducciones del siglo XIX? Leer un libro en la lengua en que fue escrita solo para escuchar en qué velocidad se puede decir el texto. Por ejemplo, Degenerado la escribí toda escuchando discursos políticos en ruso y alemán. ¿Cómo fue ese proceso de traducir retraduciendo en rioplatense? 

MGG: Pase lo que pase, tu novela y todas las demás deberán ser retraducidas en el 2400, ¿intentaste alguna vez leer un libro en castellano o en francés del siglo del siglo XVII? Retraducir en español rioplatense resultó muy divertido, y lógico además, porque en aquella época vivía en Buenos Aires. Vivía en esta lengua. Una editora me pidió traducir “secretamente” El hombre sin atributos desde la traducción francesa bajo seudónimo porque un día le había comentado que la traducción de Philippe Jaccottet era excelente y ella no tenía a mano alguien que pudiera traducir desde el alemán. ¿Te imaginás a Robert Musil usando lunfardo? Era muchísimo trabajo. Después no recuerdo bien qué paso, pero no se hizo.


Mikaël Gómez Guthart (1981) es cuentista, traductor y crítico. Ha traducido al castellano obras de Rousseau y Merleau-Ponty; y al francés, entre otros, a Alejandra Pizarnik y Witold Gombrowicz, del cual ha estabecido el epistolario. Sus cuentos y artículos han sido traducidos al castellano, inglés, hebreo, italiano, turco, idish, húngaro, japonés, checo, chino, armenio, alemán, estoniano, euskera y catalán.

Ariana Harwicz nació en Buenos Aires en 1977 y vive en el campo en Francia desde 2007. Su primera novela, Matate, amor (2012) fue publicada en inglés en 2017 bajo el título Die, My Love. Integró la short list del Premio República de la Conciencia 2018, fue nominada para el Primer Premio del Libro en el EIBF 2017, integró la lista larga para el Man Booker International 2018, fue el mejor libro extranjero traducido en su versión alemana en 2019 y fue finalista de la BTBA 2020. Escribió tres novelas en “una trilogía involuntaria” sobre la maternidad y la pasión: Matate, amor, La débil mental y Precoz, editadas por Mardulce en Argentina y otras ediciones en Latinoamérica. Su cuarta novela, Degenerado, fue publicada por Anagrama en 2019. Sus novelas fueron adaptadas al teatro en varios países como Argentina, España e Israel y al cine en Estados Unidos en 2021.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *