Cinegoga: Shtisel y Format Nation


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De cómo el mismo país al cual la televisión llegó más tarde que en el resto del mundo, recién en 1966 – cosas de Ben Gurión – hoy es reconocido como una potencia mundial en la venta de formatos, o en otras palabras, cómo Israel pasó de vender tomates cherry a ser conocida como una Start-Up Nation – una que vende start-ups – y ahora un fenómeno vendiendo formatos televisivos, una Format Nation.

Lo de Ben Gurión es algo muy curioso y sorprendente. Hablamos de todo un líder, un visionario. ¿Os acordáis? Fue quien dijo “hagamos florecer el desierto”. Sin embargo, mientras en el mundo entero ya se conocía la televisión desde los 50, para el Primer Ministro de Israel la TV representaba un aparato anti-educativo, caro e innecesario, un gasto inasumible para muchos hogares, que podría abrir aún más la brecha social ya que su precio sería el equivalente a un piso hoy. A pesar de estos argumentos, y después de muchos años de discusiones, lo que sí lo convenció fue el poder de utilizar este médium como un instrumento de propaganda para contrarrestar los programas de TV de los países árabes vecinos. Y así recién en 1966 se inaugura primero la Televisión Educativa Hatelevizia Hajinujit – que funcionó, por cierto, hasta 2017 –, y solo dos años después la Televisión Israelí Hatelevizia Haisraelit, que incluía a la Educativa y en cuya breve parrilla transmitía un par de horas de noticias.

Por eso, creo que si Ben Gurión hubiese estado en las últimas ferias de MIPTV en Cannes, no habría podido creer que Israel sea uno de los países que más vende al mundo formatos televisivos. Adiós desierto, hola pantalla. ¡Oy vey! 

Entonces, ¿qué vende, qué es un formato televisivo y por qué una serie tan poco ortodoxa (¡y muy ortodoxa!) como Shtisel se ve hasta en la China?

Fauda, An Honor, Euforia, Shtisel, incluso Boom ¿os dicen algo? Si no os dicen nada, significa que no estáis abonados a ninguna plataforma de streaming, o si es que sí, pues no os apeteció verlos. Todo cabe. Israel lleva más de 15 años vendiendo series y formatos televisivos a cadenas y plataformas televisivas de las más relevantes en el mundo, como HBO, Netflix o ARTE.

De cómo empezó todo. Pues desde Bereshit, sí sí, el Génesis mismo. Miren: ¿cómo está contado? ¿Os lo habéis planteado? En capítulos o mini capítulos cada día, y en cada uno algo sucedía. Y hasta se repiten, como al principio de cualquier capítulo de serie: “y se hizo la noche y el día…” Si conocemos o nos podemos acordar de eventos de hace más de miles de años, es gracias a las historias, a los cuentos. Sin cuento no hay memoria y no hay transmisión; entonces, no nos puede sorprender que sea el pueblo judío el que hoy tenga tantas historias por contar (digo grabar, digo vender), o el que las haga populares y consiga ratings. Pero no solo la división en capítulos, versículos o repeticiones varias, entre otros muchos componentes, componen un formato, sino también su contenido. Mirad si desde el Génesis no hay conflictos, peleas entre hermanos, en la pareja, con el vecino, etc. 

¿Qué hace que series como Shtisel o Fauda sean tan vistas y tan apreciadas? Aparte del factor económico, el hecho de que en su gran mayoría son producidas con presupuestos ridículos muy pequeños y, sin embargo, obtienen muchísimas ganancias. Uno de los ejemplos más notables, hablando de formatos, son los programas de juegos como Boom y algún que otro reality: idea interesante, bajo costo de producción, formato vendible y ahí lo tenemos. Si queréis ahondar en esto, os invito que visitéis la web de esta empresa para ver cuántos formatos lúdico-televisivos ya conocéis y no os imaginabais que eran de Israel. 

En el mundo de las series, lo que las hacen tan apreciadas es al hecho de que sus historias solamente se podrían desarrollar en Israel – familia ultra-ortodoxa viviendo en Jerusalén, reencuentro de ex-combatientes en la selva amazónica, el quehacer cotidiano de una unidad secreta, etc. – y sin embargo hay algo más que nos capta, nos envuelve. Lo más local se hace global.

Uri Alon ya lo había intentado. Guionista de TV y graduado de Yeshivot ultra-ortodoxas, había colaborado en la serie televisiva Sruguim. Algunos la describían como una especie de Friends con kipá tejida. Este tipo de kipá es la que caracteriza a los judíos nacional-religiosos, que son aquellos que sí se enrolan en el ejército. Se produjeron tres temporadas y fue muy valorada en Estados Unidos, sobre todo en la comunidad ortodoxa moderna, y en Francia. Aún se puede ver por Amazon Prime Video en algunos países.

Según un comentario en la web de Mako, un portal mediático israelí: “Ya hemos visto centenares de series del ámbito ultraortodoxo, pero ninguna era tan buena, tan auténtica ni cercana. Es la soap opera refinada que tanto esperábamos.”

La búsqueda continuaba por hacer, como bien lo definió el comentario de Mako, la serie que esperábamos. Esa telenovela que buscaban todos (fueran laicos o religiosos, judíos o no judíos) que suspiraran por un kuguel o quisieran casarse con Kive. 

Para ello se unen al equipo el guionista Yehonatan Indursky, de familia ultraortodoxa, estudiante de la Yeshiva Ponevezh de Bney Brak y también egresado de una de las mejores escuelas de cine del mundo, la Sam Spiegel Film and Television School of Jerusalem, y Alon Zingman, director, quien tiene en su haber muchas producciones de éxito, como The Conductor, con Lior Ashkenazi.

Los Soprano judíos

En un reportaje del Canal 13 de Israel, Michael Aloni, conocido ya por interpretar de Kive en la serie Shtisel, comentaba que realmente le sorprendía el éxito inesperado de la serie. Aceptó el guión de inmediato por ser una historia muy bien escrita y tener un personaje especial, pero consideraba que nadie la vería, aunque la historia fuera estupenda. Además, comenta que lo tomaba como una especie de Soprano judíos.

¿Soprano? ¿Mafia, tiros y muerte? ¿Qué tiene que ver eso con los Shtisel? ¿Mea Shearim, ultra ortodoxos y un talmud siempre abierto sobre la mesa? Como diría Sholem Shtisel, patriarca de la familia: ¿cuál será el Pshat [significado textual]? ¿Qué pueden tener en común? 

Ambas series nos muestran sociedades muy cerradas a las cuales no solemos tener acceso, y, por tanto, desde ese alejamiento, quizá vayamos sobrados de estereotipos sobre cómo viven, se relacionan, comen o celebran algo. 

Ambas familias poseen un código de lenguaje que a veces ni Siri nos podría ayudar a entender.

Además, ambas familias pertenecen a comunidades con normas, costumbres, tradiciones, por no decir prohibiciones, que, si no se cumplen, implican el riesgo de expulsión o exclusión (en el caso de los Soprano, a la persona la hacen desaparecer literalmente). En el caso de Shtisel, la nube de expulsión y alejamiento cuelga, por ejemplo, sobre Lipa (Zohar Strauss), recién vuelto de una temporada transgresiva en Argentina. Se sabe también que en la realidad ha habido casos en que fueron declarados muertos miembros de la comunidad que la habían abandonado, y que sobre ellos se había celebrado una shiva [luto]. Pero, con todo esto y más, no hay la sensación que uno, como espectador, enjuicie al personaje y diga uy ese matón o uy ese religioso. Al contrario, los acabamos apreciando.

En los tiempos que corren, en los que la mala imagen del jaredí [ultraortodoxo] llena las noticias, estamos ante una serie que evita entrar en ese conflicto. No sentimos que somos nosotros vs. ellos, sino que estamos más bien ante una serie que se centra en las historias personales, que son muchas, y cada una es una piedra preciosa en bruto.

No hace falta hablar ni de un dios ni de un padrino: en ambas series lo que importa son los miembros de la familia, de la comunidad, con lo que sienten y con sus debilidades. Así, lo primero que vemos en los Soprano es a Tony Soprano en una sala de consulta psicológica, mientras que a Kive lo conocemos como huérfano de madre viviendo con su padre. 

Aparte, ¡qué bien contado, qué maravilla de diálogos de humor y, por supuesto, de casting! Una prueba de ello es que Shtisel ya cosechó más de 17 premios de la Academia de Televisión Israelí y una tercera temporada a petición del público, después de cinco años desde la última. Además, ha sido vendida a Netflix, ni más ni menos.

En el casting, incluso a los que no conocen a los actores, quizá os suenen algunos, porque fueron famosos antes en el cine, como es el caso de Ayelet Zurer (Las tragedias de Nina, Munich o Ángeles y Demonios) o Hadas Yaron (Llenando el vacío, premio mejor actriz en el Festival de Cine de Venecia) y, por supuesto, Sasson Gabay de la estupenda película La Banda nos visita. Y ¿qué decir de los Shtisel? Sholem, el gran Dovale Glickman, actor, comediante, humorista, super apreciado en la escena israelí, y Kive, el hijo en la ficción, el guapísimo Michael Aloni de Itnagdut Iejidim o de la serie When Heroes Fly. También está, por supuesto, Shira Haas, la primera actriz israelí nominada a un Globo de Oro por su protagonismo en Unorthodox, a quien hemos podido ver crecer gracias a Shtisel, y a quien ¡oh spoiler! en esta temporada ya vemos casada. No adelanto más.

Shtisel se estrenará el 25 de marzo en Netflix. 
Como dice Kive: ¡Shecoiaj!

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