El prejuicio como acción política


Por y

Esta semana hemos podido ser testigos de una noticia preocupante. El posicionamiento del Festival de Música Rototom frente a las presiones recibidas por parte del movimiento BDS, que exigían al cantante estadounidense Matisyahu a hacer una declaración pública relacionada a su posicionamiento ideológico respecto al conflicto palestino-israelí, en base a una serie de medias verdades extraídas de declaraciones del cantante realizadas en 2010 y 2007, como condición para participar en el Festival al que se le había invitado a actuar.

Matisyahu no es, por supuesto, el primero en sufrir este tipo de presión. Tristemente, podemos ver como en Europa estas presiones han ido en aumento, convirtiendo en paria y en objeto de abuso a cualquier artista israelí. Ahora bien, el hecho de que Matisyahu no sea israelí, sino estadounidense, abre una nueva página deplorable en este tipo de práctica, ya que el movimiento BDS ha logrado normalizar un discurso que entra de lleno en el prejuicio, la discriminación y en la singularización, no solamente de un estado, sino ya de cualquier artista judío, convirtiéndolo en sospechoso. Volvemos a los fantasmas de nuestra historia, el boicot a los judíos no es un fenómeno nuevo en Europa.

Esta escandalosa decisión desenmascara la naturaleza del BDS. Un movimiento que guarda un discurso reduccionista, dicotómico, cargado de odio, que llega a reconocer que mantendrá su boicot aun cuando se haya creado un estado palestino.

No estamos dispuestos a caer en el victimismo frustrante de dejarnos llevar. Nosotros decidimos quienes somos. Y estamos dispuestos a poner de manifiesto la falta de un interés real por la creación de una política encaminada a la paz, al entendimiento, al respeto y a la empatía por el otro, y reducirla a un marco profundamente simplista. Las acciones políticas basadas en convertir estas en un mero objeto de escándalo, sin que esta conlleve no solo a una reflexión, sino tampoco a una visión que ofrezca una contextualización histórica, las entendemos como un ejemplo de la falta de interés por una política constructiva y cohesionadora símbolo de la no existencia de un interés real por la política constructiva ni por la configuración activa de la comunidad.

Por ello, queremos invitaros a leer la carta abierta del CDS (challenging double standards) como marco para una nueva reflexión sobre los hechos acontecidos. Podéis encontrar  la carta a continuación, así como el link del grupo CDS, donde encontraréis más información y artículos relacionados.

Victor Sorenssen, editor de Mozaika

Daniel Rosenfeld, directora del Festival de Cinema Jueu de Barcelona

 

 

Challenging Double Standards

A Call Against the Boycott of Israeli Art and Society

http://cds-call.tumblr.com/

A los firmantes de las iniciativas actuales de boicot contra Israel

Nos dirigimos a vosotros en referencia a una cuestión política. Una cuestión que nos ha sumido en una ansiedad creciente: cómo los artistas y las personas del mundo de las artes se posicionan frente al conflicto de Oriente Medio. En los últimos meses, las temáticas relacionadas con la ocupación de Cisjordania, la existencia de Israel como Estado judío, la resistencia palestina y su lucha, los movimientos de solidaridad internacional y de boicot, y la crítica a las políticas israelíes, han hecho su entrada en el ámbito del arte con mucha intensidad. Estamos profundamente preocupados por varios aspectos relacionados a cómo se están abordando estas cuestiones.

Con este manifiesto abogamos contra las visiones reduccionistas del conflicto de Oriente Medio. Creemos en el papel del arte como medio para cuestionar y evitar el análisis dicotómico. Creemos en el diálogo como parte fundamental de cualquier propuesta encaminada a crear una paz concebible entre Palestina e Israel. Por ello, estamos sumamente preocupados por la tendencia de los movimientos -particularmente los movimientos de boicot cultural apoyados por gente de la cultura – que hacen imposible el diálogo. Este diálogo dentro de Palestina e Israel es difícil, el boicot unilateral, lo hace aún más precario. Nuestro temor es que exista detrás de estos movimientos, una nueva actitud judeófoba, que parece esconder diversos grados de intencionalidad. Estos se traducen en la simplificación (o directamente en la negación) de legados importantes históricos y tratar a Israel como una potencia colonial paradigmática. La excepcionalidad del boicot, ya que no se da en ningún otro país de forma similar, nos hace pensar que existe, una discriminación y una doble moral en el juicio, ya sea implícita o explícita, y por ende, debe ser tratada.

El auge de las protestas internacionales

Este manifiesto tiene la intención de llamar la atención sobre el nuevo auge de las protestas dirigidas a Israel, a las instituciones israelíes, así como a las organizaciones judías y a los artistas individuales. Todas las declaraciones y cartas abiertas emitidas al respecto fueron firmadas por un gran número de individuos y grupos afiliados al campo de las artes; entre ellos, muchos respetados amigos y colegas. Todos estos acontecimientos tuvieron lugar en un clima donde la guerra de Gaza, junto a sus atrocidades, provocaron un gran número de incidentes antisemitas, incluyendo ataques físicos contra judíos e instituciones judías. Ningún ataque fue mencionado por los grupos afines al boicot. Ninguno de estos grupos condenó a Hamas, una organización con una agenda abiertamente antisemita, que busca la destrucción de Israel. Estamos preocupados por este silencio, que bien podría implicar que la sectorial BDS Arts Coalition y las iniciativas similares no están preparadas para discernir la discriminación antisemita, o que dicha discriminación se ignora por razones tácticas. Así que decidimos compartir algunas reflexiones críticas, en su mayoría relacionados con la agenda del movimiento BDS.

Boicot como estrategia política

El Boicot es un poderoso instrumento de la disidencia y la protesta política. En la lucha por los derechos civiles y la liberación anticolonial, el boicot ha sido utilizado en la batalla por la descolonización y la justicia, desarrollado como una estrategia para llegar al mundo desde dentro del país afectado. Sin embargo, la falta de una perspectiva interna en la estrategia del boicot puede llegar a ocasionar serios daños en objetivos no deseados. Para evitar daños colaterales y evitar juicios basados en conclusiones simplistas, es esencial tener un amplio conocimiento del medio donde se pretende actuar. En el caso del boicot a Israel, el movimiento BDS es activo esencialmente en contextos académicos y culturales fuera de la zona del país. Por ello, carece a menudo de una perspectiva general del conflicto y agrava la situación de tensión en lugar de contribuir a la construcción de la paz. Por el contrario: en lugar de oponerse a la «normalización» como señala el BDS con frecuencia, sus acciones indican una inclinación hacia posiciones maximalistas. El boicot no es necesariamente un acto emancipador de solidaridad con los oprimidos y en contra del opresor. La experiencia judía, especialmente en Europa, refleja un efecto de contraste: el boicot anti-judío organizado con el objetivo de excluirlos de la vida social, económica y política. En estos casos, el boicot no tenía ninguna implicación anticolonial. En cambio, este boicot funcionó como un medio de opresión al servicio de las sociedades dominantes hacia las minorías judías.

Nos preocupa que el lenguaje utilizado y las estrategias políticas defendidas por los movimientos de boicot internacional (junto a otros políticos del ámbito de la izquierda) sean utilizados en el conflicto entre Israel y Palestina para personificar el mal neocolonial en su mayor esencia. Este punto de vista enmarca el conflicto como parte de una batalla eterna entre el bien y el mal, entre oprimidos y opresores. Nosotros pedimos una aproximación crítica a las narrativas dicotómicas. Dentro de esta tendencia reduccionista, el boicot es idealizado como una estrategia política, dando lugar a la simplificación de la naturaleza de la opresión colonial y del mal como concepto. Nos preocupa particularmente, que este punto de vista reduccionista y polarizado se de en el ámbito académico y cultural. Desde su formación en el año 2005, el movimiento BDS ha sido apoyado y criticado por enmarcar el conflicto desde una perspectiva binaria y por su agenda de acciones punitivas.

Para ser claros, estamos abogando por una paz justa para ambas partes en conflicto: Israel y Palestina y nuestra frustración surge de esta perspectiva. Insistimos en la importancia de condenar estos dos aspectos: la injusticia contra los palestinos y la discriminación contra los palestinos. Por otro, la singularización de Israel como país agresor y las formas de antisionismo alimentadas por el antisemitismo.

¿A quién boicotear?

El Boicot como una estrategia política requiere una cuidadosa consideración y una evaluación precisa de cada contexto en el que se aplica. Convertir el boicot en una doctrina y declararlo en contra de todo un país y de sus ciudadanos es generalizar y se convierte en una acción reduccionista. En el caso de Israel, es problemática y difícilmente justificable. Nadie, por ejemplo, osaría boicotear el grupo Pussy Riot por el hecho de tener pasaportes rusos. Nadie pondría en peligro las instituciones independientes, excepto en el caso de Israel. País en el que existen numerosas ONGs y asociaciones de israelíes y palestinos que hace años trabajan por la cultura de la paz y se ocupan de monitorizar las injusticas cometidas contra el pueblo palestino.

Si el boicot, las desinversiones y las sanciones se consideran como estrategias adecuadas para impugnar la injusticia a través de movimientos de solidaridad internacional, ¿por qué no aplicar igualmente estos parámetros a los demás países que cometen innumerables injusticias? ¿Por qué nadie ha boicoteado a los artistas serbios y croatas, a pesar de los crímenes de guerra cometidos por sus respectivos países? ¿Por qué no boicotear a Gran Bretaña por oprimir Irlanda del Norte, la India para ocupar Cachemira o Angola para ocupar Cabinda? ¿O a Rusia por invadir Chechenia y Crimea o a Turquía para ocupar el Kurdistán? ¿Por qué no presionar a favor de sanciones contra China y Myanmar por la supresión de la libertad de expresión?¿O contra los EE.UU. por mantener y desplegar el complejo militar más grande del mundo? Pues simple y llanamente porque se ha se ha declarado a Israel como el país más injusto del mundo. ¿Por qué en este caso?

Es importante conocer la historia del discurso anti-judío. El boicot anti-judío ha sido una de las manifestaciones más peligrosas del antisemitismo. Históricamente se intentó evitar el contacto con los judíos. Estos no fueron aceptados en los gremios comerciales y diversas organizaciones similares. A finales del siglo XIX, en muchos países europeos, el boicot anti-judío se convirtió en una de las armas básicas utilizadas para atacar a la población judía. Después de la llegada de los nazis al poder en Alemania, el gobierno anunció públicamente el boicot anti-judío en general.

El doble rasero y la deslegitimación de Israel como Estado

El movimiento BDS ha sido criticado por diferentes personajes del espectro político por su aplicación de una doble moral en su programa de acción. Nos encontramos ante un conflicto que posee una extraordinaria carga emocional, tanto para los israelíes como para los palestinos. Judíos y árabes y otras tantas personas que sienten una identificación singular con alguno de estos grupos. Igualmente comprensible es que muchos activistas se sientan atraídos por el tema. Ahora bien, este compromiso emocional y político con en el conflicto desborda cualquier proporción en la medida en que se convierte virtual y públicamente un fenómeno de masas, llega el momento de preguntarse: ¿Por qué Israel? Creemos que este hecho se debe al papel de Israel como «paradigma de la opresión» y sostenemos que esta retórica simplifica las cuestiones relacionadas con la existencia misma de Israel. Uno de los temas más discutidos en la política del BDS y su doble rasero en su juicio a Israel es la negación al derecho del pueblo judío a su libre determinación y su deslegitimación como estado de Israel. Este punto ha sido subrayado no solo por los activistas pro-Israel, sino también por intelectuales de la izquierda como Noam Chomsky o Norman Finkelstein, que difícilmente puede ser acusados de ser apologistas de Israel.

Ambos critican al BDS por su posicionamiento favorable a la solución de un Estado y al derecho de retorno de los refugiados palestinos – que incluye a sus descendientes- y cuyo resultado conduciría a la destrucción de Israel como Estado judío y democrático. En este sentido, critican al movimiento BDS por ser hipócrita, por pedir la paz y la defensa de los derechos humanos, mientras alimentan el conflicto con una exigencias que se traducirían en la desaparición del Estado de Israel. En nuestra opinión, la narrativa reduccionista del BDS, junto a sus demandas parciales, fomentan un ambiente que da pie y provoca ataques contra la población judía y sus instituciones. Estamos preocupados por la escasa representación de las posiciones que apoyan tanto la causa palestina como el derecho de Israel a existir. Igualmente criticable, a nuestro parecer, es la tendencia a rechazar cualquier cuestionamiento del movimiento de solidaridad internacional con Palestina como parte de la propaganda del ala derecha pro-israelí. Proponemos reflexionar sobre esto cuidadosamente.

Contra la simplificación

El propósito de este manifiesto no es silenciar la crítica; nuestro objetivo es desafiar la dicotomización de la narrativa discursiva. No creemos que todos tenemos que estar de acuerdo en todos y cada uno de los argumentos. Pero hacemos hincapié en los matices del diálogo. Entender el boicot como una doctrina en lugar de una estrategia política específica, provoca que el diálogo sea imposible. Si creemos en la capacidad del arte para hacer frente a situaciones complejas y cuestiones políticas y por sobre todo respetamos su libertad, debemos insistir, entonces, en su especificidad y su subjetividad. Insistir en la reflexión más que en el reflejo. Pedimos a los espacios de producción cultural y artística que se enfrenten a las contradicciones en lugar de ignorarlas, y que tengan la capacidad de cuestionar la propaganda política en lugar de ser cómplices de ella.

Por lo tanto, hacemos un llamado a todas las personas afiliadas a las artes a ser críticos y a expresar esto mediante la impugnación de la simplificación subyacente.

Les pedimos que consideren seriamente las consecuencias de los actuales debates sobre el derecho de Israel a existir; las consecuencias que conllevan para ambos pueblos el apoyo a la lucha palestina liderada por el BDS; las consecuencias que afectarán al proceso de paz; así como la utilización de narrativas binarias sobre un conflicto sumamente complejo.

Creemos que ambas naciones tienen derecho a un estado dentro de una tierra conocida, alternativamente como la Palestina histórica y la Judea histórica. De igual manera abogamos por profundizar en las iniciativas encaminadas a la consecución de la paz, creadas a través del diálogo y la cooperación mutua. Por ello, creemos que los principios rectores que sirven como ejes para el diálogo deben ser determinados por la gente que realmente está viviendo junta, una al lado de la otra, en paz con sus vecinos. Llamamos a todos los amigos y colegas que firmaron la carta de la BDS Arts Coalition y otras resoluciones similares a reflexionar sobre la historia y la presencia del movimiento BDS, sus objetivos y estrategias, y reconsiderar su apoyo a tales iniciativas.

***

Este manifiesto refleja el esfuerzo colectivo (así como el debate surgido entre ellas) de personas involucradas en ámbito de diversas áreas del arte y la cultura. Nos consideramos a nosotros mismos como parte de la izquierda, con diferentes aproximaciones, visiones y relaciones con Israel y Palestina.

Esperamos que esta lectura pueda ofrecer un enfoque alternativo a las posiciones desdeñosas y problemáticas que criticamos.

4 pensamientos en “El prejuicio como acción política

  1. Teodoro Burdman Rozenbaum
    25 febrero, 2016 a las 19:07

    boicot y después estrellas amarillas en las solaps?

  2. alejandro saenger
    26 febrero, 2016 a las 11:50

    mi apoyo y total a vuestro Manifiesto e iniciativas contra esos del BDS

    Shalom

    Alejandro Saenger

  3. Susana Peses Wassermann
    27 febrero, 2016 a las 12:34

    Gracias por informarnos para evitar juicios reduccionistas e hipócritas. Por apoyar el diálogo sin negaciones y simplificaciones en un mundo que , lleno de injusticias, tiende a tropezar con la misma piedra, la histórica , la del antisemitismo, la de poner el mal en un lugar externo y controlado, lejos de nuestras propias responsabilidades y evitar cualquier planteo tendiente a su análisis aun en aras de la paz.

    1. Juan
      6 agosto, 2020 a las 18:56

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