El judío de Shakespeare


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La fascinación que durante siglos ha producido la obra Shakespeare en le memoria
colectiva es evidente, es un referente para muchos, estén o no involucrados con las artes
escénicas. Su trabajo ha acabado siendo universal por diversos factores, pero
principalmente por la atemporalidad de los temas tratados y por la infinidad de matices
con los que caracteriza a sus personajes. Absolutamente cada uno de ellos es multi
facético, ninguno muestra sólo una cara de su personalidad, no hay personajes planos, no
existen, y este es el caso de Shylock, el protagonista judío del Mercader de Venecia. De
hecho, no tratarlo desde diversas perceptivas, seria de la misma forma, un error.

Shylock, conocido generalmente por ser un usurero de carácter huraño y despiadado, se
ha convertido en el malo clásico por excelencia, a pesar de que, inicialmente en la obra se
presenten con total claridad dos posturas opuestas: el oprimido (el judío, por su
marginación social) y el opresor (en este caso la mayoría de personajes) que induciría a
pensar que tal vez los malos no son tan malos, ni los buenos tan buenos. Por ello, en
cuanto los papeles se invierten, y Shylock dispone del poder de decidir sobre el cobro de
la deuda, es entonces cuando no duda en proyectar todas sus fuerzas en ejecutar su
venganza.

¿Por qué Shylock no perdona la demanda de una libra de carne del cuerpo de Antonio?
¿Por qué guarda tanto odio? Tal vez sea porque, como se demuestra en la obra, el
personaje judío es injuriado de forma constante, y probablemente todos los días de su
vida lo fue, por el mero hecho de profesar una religión concreta.

El entorno de Shylock generaba y alimentaba odio hacia su cultura y, así mismo, esto dió
como resultado un hombre iracundo, y sin piedad contra sus constantes y crueles
opresores… ¿por qué debería haberlos perdonado? Si nos situamos desde su perspectiva,
Shylock podría pensar que cobrando su deuda, se quitaba de en medio un enemigo y
daba, a su vez, un escarnio público a la sociedad que tanto repudiaba a su colectivo. En
todo caso Shakespeare parece querer decir que Shylock es el producto de una conducta
cargada de odio e incomprensión hacia los judíos, situación que acabó girándose en la
contra de los cristianos con los que se relacionaba.

Claro está, que a lo largo de la historia, se ha usado o manipulado este clásico del teatro,
para estereotipar de la forma más despectiva posible al judío. De hecho, la palabra
“Shylock”, incluso, se ha incorporado al léxico ingles como término peyorativo relacionado
con el dinero o de vengador sin piedad.

A simple vista, si las obras de Shakespeare son concebidas como críticas sociales, el autor,
podría ser calificado en este caso de antisemita, pero en su época, tampoco tenía libertad
para expresar lo contrario y posicionarse al lado del marginado. Shakespeare no emitía
juicios ni tampoco opiniones, escenificaba situaciones y las relaciones humanas. Así que
cada uno puede observar la obra y no pensar, pero si somos objetivos, apartamos
prejuicios y razonamos lo que vemos, en la obra no existe antisemitismo, sólo hay
acciones y reacciones. En el caso del Mercader de Venecia, violencia, generó violencia, y
así lo explica Shylock en su monólogo (acto III, escena I):

“Él me había avergonzado y perjudicado en medio millón, se rió de mis pérdidas y burlado
de mis ganancias. Despreció a mi nación, desbarató mis negocios, enfrío a mis amigos y
calentó a mis enemigos y cual es su motivo “Soy un judío”. ¿Es que un judío no tiene ojos?
¿Es que un judío no tiene manos, órganos, proporciones, sentidos, afectos, pasiones? ¿Es
que no se alimenta de la misma comida, herido por las mismas armas, sujeto a las mismas
enfermedades, curado por los mismos medios, calentado y enfriado por el mismo verano y
por el mismo invierno que un cristiano? Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos hacéis
cosquillas, ¿no nos reímos?, Si nos envenenáis, ¿no nos morimos? Y si nos ultrajáis, ¿no
nos vengaremos?

Si nos parecemos en todo lo demás, nos pareceremos también en eso. Si un judío insulta
a un cristiano, ¿cuál será la humildad de éste? La venganza. Si un cristiano ultraja a un
judío, ¿qué nombre deberá llevar la paciencia del judío, si quiere seguir el ejemplo del
cristiano? Pues venganza. La villanía que me enseñáis la pondré en práctica, y malo será
que yo no sobrepase la instrucción que me habéis dado” (acto III, escena I)

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