Descifrando al dybbuk


Por

A Serious Man (2009), dirigida por los hermanos Joel y Ethan Coen, empieza con una escena que ha quedado grabada en la memoria colectiva de los cinéfilos por su singularidad. Es una noche borrascosa en un shtetl nevado. Velvel vuelve a casa, desafiando la tormenta. Mientras se calienta al lado de la chimenea, le comenta a su esposa que se ha encontrado con Reb Groshkover de camino a casa. —¡Imposible! —ella le replica en yiddish (lengua en que se reproduce la escena)— Reb Groshkover murió hace tres años de tifus. Debe haberse encontrado con un dybbuk, el alma en pena de un muerto que reaparece tomando posesión de un ser vivo. Su marido se echa a reír: ¡estas mujeres y sus supersticiones! El ambiente se vuelve tenso cuando de repente se oyen tres golpes fuertes en la puerta. Velvel ha invitado a Groshkover a pasar un rato alrededor de la chimenea y tomar una taza de sopa caliente: era lo mínimo que podía hacer. El anciano en la puerta no parece estar poseído en absoluto mientras cruza el umbral y charla en yiddish, pero su buen humor cambia de repente cuando la mujer de Velvel le clava un picahielo en el pecho. Tras un silencio escalofriante, vuelve a reír como si no lo hubiera acabado de herir mortalmente. Sin lugar a dudas, es un dybbuk que se ríe de la muerte, ya que los muertos no pueden fallecer dos veces. Entonces, al espíritu le cambia su gesto, mientras su camisa se mancha cada vez más de sangre. —Estoy muy cansado. Me tengo que ir —dice, y sale hacia la tormenta. Pasan los créditos y empieza la película. 

Minnesota, 1967, en la ciudad de St. Louis Park. Larry Gopnik es un profesor de física en la universidad. Tiene una esposa, Judith; un hijo a punto de celebrar su bar mitzvá; una hija que parece solo estar interesada en lavarse el pelo; un hermano, Arthur, que parece padecer algún trastorno y que se pasa el día en el sofá; un jardín verde, y televisión por satélite. Es profesor, hombre, padre, miembro de la comunidad judía, pero sin embargo, su suerte parece haber empeorado drásticamente. En un solo día, un estudiante intenta sobornarlo para obtener una mejor nota, y su esposa le informa de que quiere el divorcio. Desde aquí, todo va de mal en peor: recibe amenazas anónimas a su titularidad como profesor, sus cuentas bancarias son vaciadas, detienen a su hermano, tiene un accidente de coche y de repente, Larry se encuentra viviendo en un motel. ¿Qué habrá hecho para que Dios le haya enviado tantos problemas? En búsqueda de respuestas, sale a consultar a tres rabinos. El primer rabino, un clérigo asistente, diagnostica su mala suerte como una desconexión con Dios: no logra verlo allá donde está, es decir, por todos lados, incluso en el aparcamiento.

Inicialmente, tenía la intención de explorar y comparar dos representaciones cinemáticas de la figura medieval judía del dybbuk, en A Serious Man y en el drama yiddish The Dybbuk (1937), adaptación de la obra de teatro de Shlomo Ansky. Pensé que si sencillamente repasaba el significado histórico del dybbuk en Europa del Este, quizás hojeando alguna literatura cabalística, ya encontraría mi enfoque. The Dybbuk es una película maravillosa, pero no me ayudó mucho a encontrar mi perspectiva. El único punto en común que encontré entre las dos películas es que en ambas, los rabinos están muy cansados de contestar a las preguntas de todo el mundo, cansadísimos.

La primera escena de A Serious Man, en la que aparece la figura del dybbuk, descolocó a muchos. Una plétora de artículos en Internet e hilos de Reddit preguntaban: ¿qué tiene que ver con lo demás esta anécdota del shtetl? Ya que no tiene ninguna conexión aparente con el resto de la película y parece existir en un vacío, ¿cuál es su función? ¿Es la clave interpretativa para la película? ¿Es un presagio? ¿Son estos personajes los antepasados de Larry? ¿Este sufre una maldición porque mataron a un hombre justo? ¿Tiene alguna relevancia el folclore sobre los dybbuk aquí? ¿Debemos consultar el Zohar?

Escéptico después de su reunión con el primer rabino, Larry sale a reunirse con el segundo rabino, el Rabino Nachtner. Este le cuenta una historia estrambótica. Hace algunos años, vino un dentista a hacerle una consulta. Había descubierto, en los dientes de uno de sus pacientes gentiles, una cosa que desafiaba toda lógica: grabado en ellos había un mensaje en letras hebreas que decía «Ayúdeme». El cliente, por supuesto, no era consciente de que había un mensaje esculpido en su dentadura. El dentista no podía dormir, perdió el apetito y vino al Rabino Nachtner buscando respuestas:

¿Qué significa, Rabino? ¿Es una señal de Hashem? […] ¿Debería estar haciendo algo para ayudar a este goy? ¿Hacer qué? Los dientes no lo dicen. ¿Debería saberlo sin preguntar? O quizá debería estar ayudando a los demás en general – ¿vivir una vida más justa? ¿La respuesta está en la Cábala? ¿En la Torá? Dígame, Rabino – ¿qué significará tal señal?

Aquí, más o menos, es donde concluye la historia del Rabino Nachtner. Larry no recibe ni la respuesta al acertijo ni ningún consejo práctico que pueda aplicar para poner fin a su propia miseria. Se va, al borde de un ataque de nervios. 

Larry Gopnik en una escena de «A Serious Man». Focus Features

*

Si algo caracteriza a los judíos, es la obsesión con la interpretación. Una amiga de Larry intenta consolarlo con este argumento:

No siempre es fácil descifrar lo que te está intentando decir Dios, pero no es algo que tengas que resolver solo. Somos judíos, podemos aprovecharnos de esta riqueza de tradición para ayudarnos a entender. Cuando estamos perplejos, tenemos todos esos cuentos que nos ha dejado gente que tuvo los mismos problemas.  

Se refiere a la tradición del Talmud, un texto laberíntico que recopila 2.000 años de lo que “eruditos peleadores e ingeniosos, muertos hace años y años, tuvieron que decir sobre lo que quizá signifique o no signifique la Torá; qué hacer cuando la Torá parece querer decir dos cosas diferentes a la vez; qué el parecer querer decir dos cosas diferentes a la vez quiere decir sobre el significado en general y sobre lo que Dios quizá quiera o no quiera decir sobre el significado en general; y sobre cómo todo esto debe o no debe influir en la comprensión que uno tiene de la autoridad divina, la ética, la ley secular, etcétera, en un revoltijo sin fin de confusión. 1 Una guía tanto a la ley como a la vida judía, el Talmud se relaciona con problemas de interés práctico y prosaico, algunos de los cuales podrían parecer absurdos o excéntricos debido a la gravedad radical con que se discuten ciertos detalles de importancia infinitesimal o con premisas totalmente irrealistas. 2 Por ejemplo:

…el Talmud contiene una discusión extremadamente complicada de un ratón que trae migas de pan a una casa que ha sido limpiada de hametz para Pesaj. Los sabios se lanzan de lleno a un análisis del ratón, el número de migas en la casa antes y después de que entra, la posibilidad que una rata entre después del ratón y otros posibles acontecimientos. Este discurso sobre roedores ocupa casi una página entera del Talmud, y está lleno de teorías interesantes y evidencia básica, todo motivado por resolver el problema de las migas depositadas por el ratón. 3

Las discusiones talmúdicas, según nos explica Adin Steinsaltz, pueden tener consecuencias prácticas, pero no se preocupan directamente de su propia aplicabilidad en situaciones de la vida real, sino que su objetivo es el propio aprendizaje, o bien los métodos dialécticos y modelos interpretativos que permiten a los estudiantes resolver problemas y buscar la verdad. Es comprensible que Larry no parezca encontrar consuelo inmediato en la idea de que tiene esta rica tradición talmúdica a su alcance. 

Todo lo descrito de A Serious Man te golpea en la cara con la futilidad de intentar averiguar qué tiene guardado Dios para nosotros, o incluso si hay un Dios o no. El principio de la incerteza actúa temáticamente en todas las dimensiones de la película. Como el mismo Larry les enseña a sus estudiantes, hasta que abrimos la caja, el gato de Schrödinger está muerto y vivo a la vez. Como físico, el trabajo de Larry es explicar y predecir las leyes naturales, pero esto no lo ayuda en absoluto en cuanto a su crisis existencial. Su hermano, un genio de las matemáticas socialmente inadaptado, parece haberse acercado más a algún tipo de respuesta en este sentido. Sus garabatos no son nada más ni nada menos que un mapa probabilístico del universo, o el “mentáculus”, según lo llama él. Esto le causa serios problemas con la policía metafísica (encarnada por dos agentes del FBI), puesto que descifrar la ley de la posibilidad no solamente parece violar las leyes del misterio divino, sino también las leyes federales de EE.UU., cuando se usa para ganar la lotería. 

Entonces, ¿nada significa nada? ¿Nuestro sufrimiento es gratuito? Es fácil entender cómo esta idea puede volverse insoportable o sumergirnos en el nihilismo. ¿Un hombre puede vivir una vida honesta y ser abatido en la flor de la vida por una enfermedad repentina o un accidente de coche, mientras que hay nazis que mueren en la cama mientras duermen? Larry Gopnik parece haber adoptado la idea juvenil de que hay alguna ley retributiva en el universo, que Dios le responderá a él. “No ha hecho nada”, es un “hombre serio”, nada de esto debería pasarle. Dios no castiga a Larry con lluvias de fuego y azufre, como en la Biblia hebrea, sino con un divorcio costoso y una subscripción a discos que no compró pero que no puede cancelar: dicho de otra manera, la suma de tragedias personales y pequeñas desgracias que componen la vida de cualquier hombre o mujer hoy en día. En un intento de comprender, Larry recurre al judaísmo y a los líderes religiosos de su comunidad, pero el mundo en que reside está habitado menos por la presencia divina que por los televisores, discos de rock-and-roll y ocupaciones científicas y materiales. En ausencia de la trascendencia, los eventos flotan en el aire sin otro significado que el que les demos. Los hermanos Coen no se preocupan tanto por hacer declaraciones grandilocuentes sobre la muerte de Dios o su presencia en un aparcamiento, sino que se interesan por las maneras particulares en que sus personajes habitan y encuentran sentido al mundo, en un momento (1967) y un lugar (St. Louis Park, Minnesota) concretos.

Volvamos a nuestro dybbuk. ¿Sabemos ya de qué se trataba todo esto? ¿Qué hace esta fábula, si carece de conexión alguna con el resto? Como espectadores, ¿se nos pide que encontremos algún significado oculto? ¿O es una trampa, que nos hace buscar sentido donde no lo hay? Esto ya empieza a parecerse demasiado a la fútil interrogación de Larry. 

En Against Interpretation (1966), Susan Sontag argumenta que la interpretación es un empobrecimiento de la obra de arte. Es una enfermedad de la mente moderna querer analizar e interpretar sistemáticamente, como si la única actitud posible hacia una obra de arte fuera la del prospector de oro, pala en mano, cavando para encontrar el secreto escondido en el centro de la cuestión. Según este paradigma, apreciar el arte significa descifrar el código, la alegoría, la metáfora. Cavar demasiado, razona Sontag, significa olvidarnos de la importancia de lo que está en la superficie, la sensual inmediatez que experimentamos sin la mediación del intelecto. Los mismos hermanos Coen han dicho que el segmento del dybbuk no tenía ningún significado especial: solo querían incorporar una leyenda yiddish y, al no conocer ningún otro cuento oportuno, escogieron a este espíritu. Esto no ha disuadido a los estudiantes de cine desconsolados de su búsqueda del sentido. 

Larry nunca consigue conocer al tercer rabino, reputado como muy sabio, pero sí lo hace su hijo. Semi-momificado en su santuario del conocimiento, el Rabino Marshak parece estar un poco senil, y su cerebro, contaminado por una cinta de la banda de rock Jefferson Airplane, confiscada por un maestro de escuela al comienzo de la película. Si bien sus palabras no nos descifran la voluntad divina, son un profundo reconocimiento del sufrimiento humano, quizás el primer reconocimiento sincero en toda la película. Estas no son palabras de la Torá, ni de la Mishná, sino letras de Jefferson Airplane pronunciadas con un fuerte acento yiddish: “ven da truth is found…to be lies / And all da joy…vithin you dies.” 

En nuestro intento de encontrarle un sentido a la escena del dybbuk, dejamos en evidencia nuestra propia futilidad y nos asimilamos a Larry, quien se agota buscando conexiones y significados que no habría sido posible conocer nunca. La única certeza es la muerte, parece concluir la película, que acaba con una llamada de malas noticias del doctor y un tornado. Parece que Larry estaba en la caja todo el tiempo, haciéndole compañía al gato de Schrödinger: prometido con la muerte y vivo al mismo tiempo, vivo hasta que se demostrara lo contrario. A Serious Man nos invita, según las palabras pronunciadas por un personaje de la película y una banda de rock psicodélico, a relajarnos, encontrar alguien a quien amar (según dice la canción) y “aceptar el misterio”.


Yaël Halbron es una tránsfuga de París en Barcelona. Edita la revista cultural y participativa Penpals.

Show 3 footnotes

  1. Daniel Smith, Monkey Mind: A Memoir of Anxiety (New York: Simon & Schuster, 2012), 140, libro electrónico.
  2.  Adin Steinsaltz, The Essential Talmud (New York: Random House, 1989).
  3. Ibid

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *